El dólar mayorista quedó en $1.498,51 el 27 de julio y alcanzó el nivel más alto del registro reciente. La cotización acumuló así cuatro jornadas consecutivas de suba, en un movimiento que vuelve a poner al tipo de cambio en el centro de las decisiones de precios y cobertura.
La señal tiene más consistencia que la de un salto aislado. El mayorista avanzó 4,9% desde el 11 de junio y 7,3% desde el 11 de marzo. Además, el valor actual se ubica 43,5% por encima del mínimo de $1.044,50 observado en el período considerado. La secuencia confirma una suba nominal relevante, aunque todavía no alcanza por sí sola para probar un cambio estructural de tendencia.
El movimiento también aparece en la referencia que mira más directamente el ahorrista. El dólar minorista llegó a $1.520,47, con una suba diaria de $1,61 y un avance de $9,36 desde el comienzo de julio, equivalente a 0,6%. La diferencia de intensidad entre ambas cotizaciones muestra que el máximo mayorista no se traslada de manera mecánica ni instantánea a todos los segmentos del mercado.
Las tasas en pesos agregan una tensión relevante. La BADLAR se ubicó en 22% el 24 de julio, por debajo del registro del día anterior, pero por encima del 20,94% del 1° de julio. El aumento mensual de la tasa puede modificar el costo de mantener posiciones en pesos, aunque no permite afirmar por sí solo que compense la presión cambiaria ni que genere un retorno real positivo.
Dolar mayorista
Los datos mas recientes, del mas antiguo al mas nuevo.
Las reservas internacionales aportan un contrapunto, aunque con señales mixtas. Llegaron a US$48.686 millones el 23 de julio, acumularon una mejora de US$1.619 millones durante el mes, pero cayeron US$350 millones en la última variación diaria disponible. Estos datos no permiten atribuir el movimiento del dólar a una causa única ni establecer cuánto margen tiene el Banco Central para influir sobre la cotización.
Para las empresas que importan bienes o utilizan insumos dolarizados, el mayorista funciona como una referencia para calcular costos de reposición y actualizar presupuestos. Una suba puede trasladarse a listas, contratos o decisiones de inventario, pero el impacto depende de la estructura de costos, la competencia y la posibilidad de ajustar precios sin perder ventas.
En los hogares, el efecto suele llegar de forma indirecta: a través de productos importados, bienes con componentes externos o servicios cuyos costos dependen del dólar. El último dato mensual de inflación disponible, correspondiente a junio, fue de 1,9%, pero no alcanza para medir un traslado inmediato de la suba cambiaria registrada en julio.
El máximo del mayorista deja una señal nominal fuerte y con cierta persistencia de corto plazo. La confirmación de un cambio más profundo exigiría que la suba continúe y que se refleje de manera sostenida en precios, tasas, expectativas y decisiones de cobertura; por ahora, el dato eleva la presión sobre costos dolarizados sin demostrar todavía una aceleración generalizada.


