La participación de los vehículos eléctricos y de los híbridos enchufables en las ventas de autos nuevos en Argentina saltó de menos del 1% al 6% entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo período de 2026. El crecimiento coincide con la llegada agresiva de fabricantes chinos y con la reducción de barreras comerciales, que permitió ofrecer modelos importados a precios competitivos frente a los vehículos convencionales.
BYD concentra el avance. La compañía desembarcó en Argentina a mediados de 2025, abrió sus primeros tres concesionarios y logró que 450 compradores dejaran depósitos de US$500 por vehículos que todavía no habían visto ni probado. Según los datos de patentamientos citados por los analistas, la automotriz explicó el 89% de las ventas de eléctricos e híbridos enchufables en lo que va de 2026 y ocupó el noveno lugar entre todas las marcas hasta mayo.
La estructura arancelaria explica buena parte del cambio en los precios relativos. Los vehículos de combustión importados desde fuera del Mercosur todavía pueden enfrentar un arancel del 35%, mientras que los eléctricos elegibles con un valor de importación antes de impuestos inferior a US$16.000 ingresan con arancel cero. Con impuestos locales, márgenes comerciales y otros costos, el BYD Dolphin Mini se vende cerca de US$23.000, un valor que lo acerca a alternativas con motor de combustión y amplía el universo de consumidores posibles.
La competencia también revela una diferencia de estrategia. Durante años, varias automotrices estadounidenses y europeas trataron a Argentina como un mercado pequeño, volátil y complejo. BYD, en cambio, invirtió en concesionarios, publicidad y presencia comercial antes de que existiera una demanda consolidada. La señal de precios creada por la apertura permitió que esa inversión se tradujera rápidamente en ventas y que una marca desconocida para muchos compradores alcanzara una posición dominante.
El resultado beneficia a los consumidores mediante más tecnología, seguridad y variedad, pero deja expuesto el costo de una dependencia concentrada. Si el Gobierno volviera a imponer aranceles o si BYD redujera su presencia, las ventas eléctricas podrían caer con rapidez. La política de apertura impulsada por Javier Milei no está garantizada más allá del próximo ciclo electoral, y un cambio de orientación podría modificar nuevamente las condiciones de acceso a los vehículos importados.
El principal límite ya no parece estar en la oferta de autos, sino en la infraestructura necesaria para utilizarlos. La carga pública sigue siendo escasa y la mayoría de los vehículos se conecta en viviendas o lugares de trabajo con estaciones instaladas por empresas. EVTRON, una compañía local del sector, instaló unas 100 estaciones en los últimos 18 meses, pero la escala del país y su extensión territorial exigen inversiones mucho mayores. El congelamiento de fondos federales para numerosos proyectos de infraestructura agrega una restricción adicional.
La expansión china también reordena la competencia industrial. Argentina cuenta con fabricantes locales pequeños, como Coradir, productor del modelo TITO, mientras que el grueso del impulso reciente proviene de vehículos importados. La apertura abarata el acceso a nuevas tecnologías y obliga a las empresas establecidas a competir por precio y prestaciones, pero todavía no muestra una transformación equivalente de la capacidad productiva local.
El salto en la participación eléctrica tampoco equivale por sí solo a una descarbonización del transporte. En los mercados emergentes, el aumento de la penetración de eléctricos puede convivir con una expansión general de la cantidad de autos y camionetas, incluidos los modelos a combustión. La electrificación reduce emisiones por vehículo cuando reemplaza unidades convencionales, pero una estrategia de transporte de largo plazo también requiere infraestructura de carga, transporte público y alternativas para caminar o andar en bicicleta.
Argentina se convirtió así en un caso relevante de cómo la competencia externa puede acelerar una transformación tecnológica que durante años permaneció confinada a un nicho. La apertura comercial hizo visibles precios y productos que el mercado protegido mantenía fuera del alcance de muchos compradores. La próxima etapa dependerá de si esa presión competitiva se sostiene, si aparecen nuevos oferentes y si la inversión en infraestructura acompaña el ritmo de las ventas.



