El dólar mayorista alcanzó el 26 de agosto los $1.514,16 por unidad y quedó en el nivel más alto del registro reciente. El movimiento no se limitó a una sola rueda: el tipo de cambio encadenó cuatro subas y terminó en el máximo de los períodos corto, trimestral, semestral y extendido disponibles.
La magnitud cambia según el punto de comparación. Frente al mínimo del último mes, el avance fue de 2,62%; respecto del piso del tramo de tres meses, llegó a 11,04%; y contra el mínimo del período más extenso, la diferencia alcanza 42,97%. El dato combina una señal fuerte en términos de nivel con una cautela necesaria: todavía no alcanza, por sí solo, para confirmar un cambio estructural en la tendencia.
El movimiento mayorista tampoco se trasladó de manera idéntica a la cotización que mira el ahorrista. El dólar minorista cerró en $1.533,11, unos $19 por encima del mayorista, con una suba diaria de apenas 0,13% y un avance de 1,13% desde el 3 de agosto. La diferencia muestra que las distintas referencias cambiarias pueden moverse a ritmos propios.
La suba del mayorista convivió con un aumento de las reservas internacionales. El último registro disponible, correspondiente al 24 de agosto, ubicó ese stock en US$50.776 millones, 2,84% por encima del nivel del 3 de agosto. Esa coincidencia no permite concluir si el Banco Central ganó o perdió margen para influir sobre el mercado, ni atribuirle una causa específica al movimiento cambiario; sí muestra que el salto del precio ocurrió mientras las reservas acumulaban una mejora mensual.
Dolar mayorista
Los datos mas recientes, del mas antiguo al mas nuevo.
También subieron las tasas en pesos. La BADLAR pasó de 21,44% el 3 de agosto a 24,38% el 25 de agosto, un incremento de 2,94 puntos porcentuales. Una remuneración mayor puede mejorar el incentivo a permanecer en instrumentos en pesos, pero encarece al mismo tiempo el financiamiento para empresas y hogares. La competencia entre cobertura cambiaria y rendimiento en moneda local se volvió, así, más exigente.
Para una empresa importadora, el mayorista funciona como una referencia para calcular el costo de reposición de bienes, insumos o componentes adquiridos en dólares. Una suba puede presionar márgenes o precios, aunque no implica un traslado automático ni inmediato: intervienen los inventarios, la competencia, la demanda y la proporción de costos dolarizados. En el caso de los exportadores, un dólar más alto eleva nominalmente los ingresos en pesos por cada dólar vendido, pero el beneficio puede moderarse si también aumentan sus insumos vinculados al tipo de cambio.
El último dato mensual de inflación disponible corresponde a julio y fue de 2,1%. Por eso, no hay base para afirmar que la suba cambiaria de agosto ya se reflejó en el índice de precios. La conexión relevante es hacia adelante: si el nivel mayorista se sostiene, puede influir en decisiones de precios, contratos y presupuestos, aunque la intensidad dependerá de cuánto dure el movimiento.
La señal más sólida es que el dólar mayorista dejó de ser una variación aislada y alcanzó un extremo reciente después de cuatro jornadas de avance. La señal que todavía falta es la persistencia. Para hogares, empresas y mercados, el nivel actual eleva la referencia nominal de costos y obliga a recalcular decisiones, pero no permite dar por hecho que la presión cambiaria se convertirá en una nueva tendencia de precios.


