La presión tributaria argentina bajó de 32 a 29 puntos del producto en los últimos dos años y medio, según afirmó el economista Esteban Domecq, socio fundador y director de la consultora Invecq. Sin embargo, advirtió que la estructura impositiva todavía representa una de las principales trabas para la competitividad y la inversión.
“La presión tributaria bajó de 32, déjame redonder, a 29 puntos”, sostuvo Domecq. En su repaso, mencionó la eliminación del impuesto PAIS, la reducción de Bienes Personales y la baja de derechos de exportación e importación como parte del proceso.
El economista señaló que la carga tributaria efectiva sigue siendo elevada para las empresas formales. “Argentina tiene una presión tributaria todavía muy elevada, eh, plagada de impuestos muy daninos a la competitividad en un contexto de alta informalidad también”, afirmó.
De acuerdo con su explicación, la presión tributaria efectiva llega al 45% para las empresas que operan completamente en la formalidad cuando se la pondera en función de la informalidad. Además, indicó que los impuestos distorsivos representan 7,2 puntos del producto en Argentina, frente a un promedio regional de 2% y a 0,8 puntos en los países de la OCDE.
“La mitad es provincial porque es ingresos brutos”, precisó Domecq, quien también incluyó entre los gravámenes que afectan la competitividad a los derechos de exportación, los derechos de importación y el impuesto a los débitos y créditos bancarios.
Fabián Kon, CEO del Grupo Financiero Galicia y presidente del 62° Coloquio de IDEA, cuestionó la acumulación de tributos en las distintas etapas de comercialización. “El hecho de que vos piramides impuestos, que vos tengan impuesto a la venta este nacional y después te cobran una tasa municipal sobre la venta y ingresos brutos en las provincias, hace que sea muy difícil tener la cadena de distribución”, planteó.
Kon agregó que el esquema termina trasladándose al precio final. “El consumidor final recibe un una bola una bola de impuestos que hace que el precio final no sea competitivo”, afirmó, y consideró que la reforma tributaria es “un tema pendiente de la Argentina”.
La discusión tributaria fue presentada como uno de los principales desafíos para que la inversión aumente. Domecq estimó que la inversión, actualmente en torno de 15 o 16 puntos del producto, podría avanzar hacia una zona de entre 20 y 25 puntos si se reducen los obstáculos estructurales. “Eso marca la diferencia entre que sea el dos o que será el cuatro”, sostuvo, en referencia a la tasa de crecimiento económico.
El panel también vinculó el crecimiento potencial con la estabilidad macroeconómica, la apertura económica, la infraestructura, el financiamiento y la seguridad jurídica. Ignacio Costa, gerente general de Rio Tinto en Argentina, resumió la condición para atraer capitales: “Necesitamos estabilidad y previsibilidad para generar esa competitividad”.
Mariano Bosch, cofundador de Adecoagro, puso como ejemplo la agroindustria y advirtió sobre el impacto de las restricciones a las exportaciones. “Si yo voy a vender leche en polvo y no puedo mantener un cliente porque me prohíben la exportación de leche en polvo, tenemos un problemón”, afirmó. Para Bosch, el desarrollo de cadenas con mayor valor agregado requiere energía competitiva, escala y la posibilidad de vender al mundo.



