La inflación de agosto habría cerrado entre 1,6% y 1,7%, según las proyecciones de la mayoría de las consultoras privadas mencionadas en el relevamiento. El registro implicaría una desaceleración frente al dato del mes anterior y podría aliviar la presión sobre otras variables nominales.

La menor velocidad de los precios también favorece una eventual reducción de las tasas de interés, especialmente en el crédito. Sin embargo, la baja del costo financiero aparece como una condición todavía pendiente para que la recuperación de la actividad pueda sostenerse.

Las reservas internacionales del Banco Central superaron los US$50.000 millones, un umbral que no se alcanzaba desde 2018. Agosto mostró un ritmo de compras netas más moderado que el de otros meses, aunque hacia el cierre del período se habría retomado una mayor acumulación.

El desempeño de agosto no modifica, de acuerdo con el repaso realizado, el balance positivo del ciclo anual de compras de reservas. El sector externo también continúa aportando divisas: el superávit comercial acumulado en el año supera los US$16.000 millones.

En materia fiscal, las cuentas públicas volvieron a mostrar superávit primario y financiero, luego del déficit primario registrado el mes anterior. El resultado positivo convive con señales de menor dinamismo en la recaudación de algunos impuestos.

El salario promedio bruto de los trabajadores registrados, correspondiente a los sectores público y privado, alcanzó los $1.915.000 en la última medición del RIPTE. El ingreso superó a la inflación mensual en ese período, aunque la evolución acumulada todavía refleja una pérdida frente a los precios.

La confianza del consumidor elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella permaneció en terreno negativo, pero mejoró frente al mes anterior. El indicador sigue vinculado a la evolución del poder adquisitivo y al comportamiento del consumo interno.

La actividad económica registró una mejora desestacionalizada de 0,8% en junio, aunque la trayectoria continúa siendo irregular. La dinámica fue definida como un movimiento de “cerrucho”, con sectores que crecen durante un mes y luego vuelven a retroceder.

El principal desafío para consolidar el crecimiento pasa por reducir las tasas de los créditos y canalizar hacia préstamos productivos los depósitos existentes. El sistema bancario cuenta con un mayor volumen de depósitos en dólares, pero ese fondeo todavía no se traduce plenamente en financiamiento para capital de trabajo y proyectos de inversión.