Argentina registró en agosto un déficit comercial de US$380 millones con Brasil, un salto significativo frente a los US$40 millones de junio. La comparación interanual, sin embargo, muestra un rojo mucho menor que el de agosto de 2025, cuando había alcanzado US$613 millones. La señal relevante está en la aceleración mensual: el intercambio bilateral se volvió más deficitario desde mediados de año.
El principal motor fue la recuperación de las importaciones de automóviles y autopartes desde el piso de junio. Abeceb calculó compras del complejo automotor por US$554 millones en agosto, frente a US$730 millones un año antes. Dentro de ese total, las importaciones de automóviles particulares bajaron 25,6% interanual, hasta US$267,4 millones, mientras que también disminuyeron las compras de vehículos para transporte de pasajeros y de partes y accesorios.
El resultado de agosto no refleja un derrumbe de las exportaciones argentinas. Las ventas a Brasil crecieron 6,7% interanual y llegaron a US$1.099 millones. El avance fue impulsado, entre otros rubros, por los vehículos para transporte de mercancías, principalmente pickups medianas, cuyas exportaciones aumentaron 44,3%, hasta US$313,5 millones. El déficit se amplió porque las importaciones se recuperaron con más fuerza que las exportaciones.
La comparación con junio requiere cautela. El déficit de apenas US$40 millones registrado ese mes estuvo asociado a un desplome de las compras del complejo automotor. Parte del salto de agosto, por lo tanto, responde a la normalización de un flujo que había caído de manera excepcional, no necesariamente a un deterioro permanente de la posición comercial argentina.
Un déficit bilateral más amplio tampoco es, por sí mismo, una señal inequívoca de debilidad. Si las importaciones aumentan porque se recuperan el consumo y la demanda de bienes durables, el dato puede acompañar una mejora de la actividad. El problema aparece cuando el incremento de las compras externas no se traduce en mayor capacidad exportadora, inversión o productividad, y obliga a financiar una demanda que la economía local no puede sostener.
La relación automotriz expone esa tensión. Brasil cuenta con una base industrial más grande y es habitualmente un exportador neto de vehículos hacia Argentina. La integración del Mercosur facilita el intercambio de la mayor parte de los bienes del bloque, mientras que los acuerdos específicos del sector regulan el flujo de vehículos y autopartes. Cuando la demanda argentina repunta, las terminales brasileñas capturan rápidamente parte de ese aumento.
La apertura de las importaciones también modifica los incentivos del mercado local. En 2026, más de 90% de los automóviles nuevos importados no paga arancel, de acuerdo con fuentes de la industria citadas en el relevamiento. Con la mayoría de las restricciones cambiarias para individuos levantadas en 2025, la demanda doméstica pasa a tener un papel más visible en la evolución de las compras. Si la economía se enfría, las importaciones pueden volver a caer; si el consumo se recupera, el déficit bilateral puede ampliarse nuevamente.
El vínculo comercial sigue siendo relevante para ambos países. Brasil es el principal socio comercial de Argentina, y Argentina ocupa el primer lugar entre los socios sudamericanos de Brasil. El déficit bilateral del primer semestre fue de US$993 millones, frente a US$2.947 millones en el mismo período de 2025, mientras que el rojo de todo 2025 había superado los US$5.000 millones. La mejora interanual es clara, pero la trayectoria mensual todavía es volátil.
Los datos de septiembre serán decisivos para distinguir entre una recomposición puntual y una tendencia. También habrá que observar las ventas de automóviles en Argentina: si continúan creciendo, las importaciones desde Brasil probablemente se mantengan elevadas. Para que el intercambio sea más equilibrado de manera duradera, la clave estará en que las exportaciones argentinas crezcan más rápido, algo que depende de competitividad e inversión y no de controles destinados a ocultar los precios relativos.



