La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China está entrando en una fase en la que el principal activo ya no es únicamente desarrollar el modelo más potente. La disputa decisiva pasa por instalar el conjunto completo de la inteligencia artificial —chips, nube, datos, aplicaciones y financiamiento— en las economías que todavía tienen más crecimiento por delante. Quien controle esa infraestructura podrá influir sobre la productividad, la administración pública y las cadenas de suministro durante años.

La escala de esos mercados modifica la lectura habitual de la carrera. Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional para 2026 ubican el producto de China en unos 44,3 billones de dólares medidos en paridad de poder adquisitivo, frente a 32,4 billones de Estados Unidos. India aparece cerca de 18,9 billones, Indonesia supera los 5,4 billones y Brasil alcanza unos 5,2 billones. El producto nominal sigue favoreciendo a Estados Unidos, pero la medición a paridad de poder adquisitivo refleja mejor el volumen de actividad física y administrativa que puede ser automatizada dentro de cada economía.

Esa diferencia importa porque los países emergentes no necesariamente elegirán la tecnología con mejores resultados en una tabla de benchmarks. Es probable que prioricen la alternativa que llegue con menor costo, financiamiento, disponibilidad local y compatibilidad con la infraestructura que ya utilizan. En ese terreno, una solución algo menos avanzada pero integrada con teléfonos, puertos, redes eléctricas, bancos y organismos estatales puede generar más influencia que un modelo superior aislado dentro de un laboratorio.

Los datos de adopción de modelos abiertos ya muestran un desplazamiento. The Wire China reportó que la participación estadounidense en las descargas de modelos de Hugging Face cayó desde alrededor de 60% hasta la franja media de los diez puntos porcentuales en unos cuatro años, hacia fines de 2025. Hugging Face señaló que DeepSeek R1 se convirtió en el modelo más valorado de la historia de la plataforma y que los modelos chinos pasaron a liderar las descargas entre los desarrollos recientes. Baidu, ByteDance y Tencent también multiplicaron sus publicaciones, mientras que investigadores y empresas occidentales comenzaron a ajustar modelos chinos por la disponibilidad de pesos abiertos de gran tamaño.

La ventaja china no depende solamente del precio. En el sudeste asiático, proveedores chinos de nube operaban 37 zonas de disponibilidad en seis regiones, frente a 30 zonas de proveedores occidentales distribuidas en cuatro regiones, de acuerdo con la cobertura de The Wire China. Beijing también creó en julio de 2026 la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial, con 29 miembros fundadores. Reuters, Caixin y The Diplomat describieron compromisos que incluyen capacitación, centros conjuntos de aplicaciones y sistemas de alerta meteorológica para distintos países. Cada despliegue puede formar administradores, fijar estándares y volver más costoso reemplazar al proveedor inicial.

Washington intenta responder con una estrategia de exportación integral. La Orden Ejecutiva 14320, firmada en julio de 2025, creó el American AI Exports Program para promover paquetes que combinen chips, modelos, aplicaciones, ciberseguridad, nube y centros de datos. El problema es que el mismo gobierno que busca vender esa infraestructura también mantiene controles de exportación que restringen el acceso a componentes críticos. La flexibilización del estatus de Emiratos Árabes Unidos en julio de 2026 dejó el acceso a chips de inteligencia artificial limitado a entidades aprobadas, mientras Huawei ofrecía sus procesadores Ascend en Medio Oriente y el sudeste asiático.

El efecto económico de esa tensión puede ser más importante que la disputa por una generación específica de modelos. Si un país instala su logística, su sistema crediticio, sus escuelas o su recaudación sobre una plataforma extranjera, cambiar de proveedor deja de ser una decisión de compras. Se convierte en una decisión sobre soberanía, continuidad operativa y seguridad nacional. Los controles pueden proteger capacidades estratégicas en el corto plazo, pero también pueden abrir espacio para que competidores que sí entregan soluciones completas ocupen el mercado y definan los estándares.

La concentración de la fabricación de chips agrega otro punto de vulnerabilidad. Counterpoint Research ubicó a TSMC con 73% del mercado de fundición pura en el segundo trimestre de 2026, una participación todavía más relevante en los nodos avanzados. Esa dependencia convierte a la cadena de semiconductores en un cuello de botella global: ningún país necesita controlar formalmente toda la industria para obtener poder, alcanza con que los demás crean que existe un único proveedor capaz de mantener el flujo de chips, nube y financiamiento.

El resultado no está definido. India puede desarrollar capacidades propias; los países del Golfo pueden comprar a ambos bloques; y Brasil, México, Vietnam, Indonesia o Turquía pueden intentar equilibrar sus vínculos financieros, comerciales y tecnológicos. Pero la variable común es la urgencia de crecer. En economías con baja capacidad administrativa, energía insuficiente o presión por mejorar la recaudación y la logística, la tecnología que llega integrada y financiada puede imponerse antes que la más sofisticada. La carrera de inteligencia artificial, por eso, no se juega solamente en los laboratorios: se juega en quién construye las vías por las que circulará la próxima etapa de la economía mundial.