El mercado petrolero enfrenta una combinación más ajustada: China volvió a competir agresivamente por cargamentos internacionales justo cuando las interrupciones en el estrecho de Ormuz y la menor disponibilidad de crudo iraní reducen las opciones de abastecimiento. El contrato de Shanghái cotiza apenas por debajo de su máximo desde el inicio de la guerra entre Irán y sus adversarios, por encima de los US$100 por barril, mientras el Brent superó los US$97 por primera vez en más de un mes.
El cambio se refleja también en el diferencial entre ambos mercados. Después de llegar a cotizar con un descuento de hasta US$20 frente al Brent a fines de abril, el crudo de Shanghái pasó a operar con una prima considerable. Esa señal sugiere que la debilidad de la demanda china que había ayudado a contener los precios internacionales perdió fuerza.
Bloomberg reportó que China, el mayor importador mundial de petróleo, está elevando sus compras de crudo de África, Canadá y América Latina. Las refinerías buscan reemplazar barriles iraníes cuya disponibilidad se contrajo casi por completo, y esa competencia encarece los grados alternativos para compradores asiáticos.
El impacto ya aparece en los diferenciales de algunas variedades. El crudo Djeno de Congo fue ofrecido a compradores chinos con primas de hasta US$20 por barril sobre el Brent, frente a unos US$15 dos semanas antes. También aumentaron las compras de cargamentos provenientes de Canadá, Brasil y Argentina, mientras el crudo ruso ESPO se valorizó ante la mayor presión de los compradores asiáticos.
La recuperación, sin embargo, no prueba por sí sola que el consumo final chino haya entrado en una fase de expansión sostenida. Liao Na, fundadora de GL Consulting, atribuyó el repunte principalmente a los márgenes favorables de refinación, la reposición de inventarios comerciales y la reanudación de las exportaciones de combustibles. Según su evaluación, el proceso responde en buena medida a decisiones de refinadores que aprovechan precios relativos y oportunidades de margen.
Esa distinción es relevante para el mercado. Si las compras obedecen sobre todo a inventarios y rentabilidad, podrían moderarse cuando cambien los márgenes o se reconstruyan las existencias. Pero mientras las refinerías compitan por suministros sustitutos, la señal inmediata para los precios sigue siendo alcista, incluso con importaciones marítimas chinas todavía por debajo de los niveles previos a la guerra y encaminadas hacia los 10 millones de barriles diarios.
Las refinerías independientes chinas, conocidas como teapots, enfrentan la mayor presión. Su esquema dependía de barriles iraníes y venezolanos con fuertes descuentos, y el deterioro del acceso a esas fuentes las obliga a pagar más por crudos alternativos. El encarecimiento no solo reduce sus márgenes: también transmite la escasez hacia otros compradores y vuelve más costoso sostener el procesamiento.
Daan Struyven, responsable conjunto de investigación global de commodities de Goldman Sachs, estima que la capacidad de China para ajustar sus compras en función de los precios puede limitar las subas. Aun así, advirtió que el Brent podría alcanzar los US$120 si se intensifican los ataques contra el transporte marítimo en Medio Oriente. Para cubrir ese riesgo, Goldman Sachs prefiere posiciones alcistas en gas natural y productos refinados, donde Struyven considera que los shocks de oferta pueden ser mayores que en el crudo.



