El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectó una inflación anual cercana al 30%, con una desaceleración mensual que, sin embargo, todavía no permitiría perforar con facilidad el umbral del 1%.

Según la mediana de las estimaciones privadas, la inflación de agosto habría sido del 1,7%, por debajo del 2,1% registrado en julio. La cifra todavía debe ser confirmada por el dato oficial, pero marcaría una moderación en el ritmo de aumento de los precios.

Entre las estimaciones más optimistas mencionadas aparecen las de Fundación Libertad y Progreso, con una proyección del 1,4%, y ECOGO, con el 1,5%. El REM, en cambio, reúne las previsiones de distintas consultoras y presenta una mediana del conjunto.

Para los próximos meses, las consultoras esperan una inflación del 1,8% en septiembre, del 1,7% en octubre, del 1,6% en noviembre y nuevamente del 1,8% en diciembre. De ese modo, el escenario central mantiene la variación mensual dentro de un rango relativamente acotado, pero todavía elevado para una economía que busca avanzar hacia la estabilidad de precios.

Las proyecciones implican que la inflación tendría un piso de 1,6% y un techo de 1,8% durante el último tramo del año. La lectura que surge de ese sendero es que la desaceleración continuaría, aunque el descenso adicional podría volverse más costoso y difícil de conseguir.

El relevamiento también incluyó estimaciones para el tipo de cambio oficial. Las consultoras esperan que el dólar cierre septiembre en $1.530 y termine diciembre en $1.630.

La comparación con la inflación proyectada abre una discusión sobre el valor real del tipo de cambio. Si se ajustara la cotización por una inflación anual del 30%, el dólar debería ubicarse cerca de $1.900 a fin de año, una referencia que queda por encima de la proyección nominal del REM y del denominado dólar Ravier, mencionado en torno de $1.800.

La diferencia entre ambas referencias muestra que las proyecciones no solo dependen del ritmo esperado de los precios, sino también de la trayectoria nominal que finalmente adopte el tipo de cambio. Con una inflación todavía cercana al 2% mensual, una cotización que avance más lentamente podría acumular una apreciación real, mientras que una corrección cambiaria mayor modificaría el escenario de precios relativos.