La economía argentina atraviesa una recuperación de dos velocidades: mientras el agro, la minería y el sector de oil & gas crecen con fuerza, la industria, la construcción y el comercio avanzan lentamente o continúan rezagados. Nicolás Gadano, economista y jefe de Empiria, advirtió que esa disparidad puede prolongarse y que los sectores exportadores no alcanzan por sí solos para recomponer el empleo.

“Es que es verdad que hay dos velocidades”, afirmó Gadano. Según su lectura, la actividad está creciendo de manera débil después de más de una década de estancamiento y caída del producto per cápita. “Estamos casi estancados hace más de 10 años”, sostuvo, al describir una trayectoria marcada por años alternados de crecimiento y contracción.

El economista estimó que la expansión podría ubicarse alrededor del 2% y señaló que el resultado combina desempeños muy diferentes. El campo, la minería y el oil & gas, explicó, registran aumentos de dos dígitos, de entre 11% y 12% anual, mientras que la industria, la construcción y el comercio crecen cerca del 1% y todavía intentan revertir la caída inicial del actual programa económico.

“La economía en síntesis crece con dificultad”, resumió Gadano. A su juicio, el problema no es únicamente la velocidad de crecimiento, sino también su composición: los sectores más dinámicos tienen una incidencia relevante sobre las exportaciones y la generación de divisas, pero no absorben la misma cantidad de trabajadores que las actividades urbanas que permanecen debilitadas.

Gadano destacó que los sectores vinculados con los recursos naturales permitieron aliviar la restricción externa argentina. “Ahí están el origen de las divisas, de los dólares de Argentina”, dijo, y agregó que el cobre y el litio podrían darle mayor robustez macroeconómica al país. Sin embargo, remarcó que “no podemos depender solo de esos tres sectores” porque no resuelven por sí mismos los problemas de empleo y actividad del resto de la economía.

Como referencia de la brecha regional, señaló que en provincias asociadas a la minería y la energía, como Neuquén y San Juan, el empleo privado registrado habría aumentado entre 13.000 y 15.000 puestos, mientras que en el resto del país se destruyeron 250.000. “Hay un tema de orden de magnitud ahí”, afirmó.

El jefe de Empiria también relativizó la posibilidad de que el crecimiento de las actividades extractivas genere un derrame suficiente para compensar las pérdidas. Reconoció que alrededor de la minería, el agro y la energía existe un ecosistema de proveedores locales y pymes, pero advirtió que “no significa que ese derrame sea tan masivo como para que la situación social y de empleo se vea” resuelta.

La tensión se suma a un proceso de transformación tecnológica que, según Gadano, está desplazando empleo y modificando la distribución del ingreso a escala global. En la Argentina, además, la baja de la inflación obliga a las empresas a revisar costos que antes se licuaban con rapidez. “Cuando la inflación ya no te licúa nada y tenés que revisar mejor los costos”, explicó, algunas compañías reducen sus planteles incluso dentro de sectores que muestran crecimiento, debido también a la incorporación de tecnología y herramientas de mayor productividad.

Gadano sostuvo que la orientación macroeconómica general es positiva porque apunta a una economía “más competitiva, más abierta” y con un Estado en equilibrio. No obstante, planteó que la transición necesita instrumentos para evitar que la destrucción de empresas y puestos de trabajo debilite el proceso. Entre sus propuestas mencionó una mayor flexibilidad cambiaria, una reducción gradual de impuestos y el uso de herramientas como el Banco Nación para acompañar a compañías con posibilidades de reconversión, sin sostener indefinidamente actividades que no resulten competitivas.

Sobre el frente cambiario, consideró que un tipo de cambio algo más alto podría mejorar los márgenes de empresas capaces de exportar o competir con importaciones, aun si eso implicara una desinflación más lenta. También defendió la prudencia fiscal: “La prudencia fiscal está para quedarse”, afirmó, aunque cuestionó el diseño obligatorio del Fondo de Asistencia Laboral por considerar que implicó un sacrificio fiscal que podría haberse destinado a infraestructura u otras políticas de transición.