La Patagonia argentina comenzó a captar el interés de inversores que buscan instalar grandes centros de datos, impulsados por el clima frío, la disponibilidad de gas y energías renovables, y la existencia de extensiones de tierra poco pobladas. La oportunidad aparece mientras las grandes compañías tecnológicas expanden su capacidad informática para sostener el desarrollo de la inteligencia artificial y encuentran crecientes restricciones en otros mercados.

En Neuquén, Pampa Energía analiza construir un centro de datos junto a su central térmica Loma de la Lata, con un consumo potencial de hasta 500 megavatios abastecido por el gas de Vaca Muerta. La compañía comenzó a cotizar energía a potenciales clientes y apunta a alcanzar acuerdos iniciales hacia fines de 2026. Antes de avanzar hacia esa escala, los inversores evalúan comenzar con una instalación piloto de entre 20 MW y 40 MW. La infraestructura eléctrica necesaria para los 500 MW costaría casi US$900 millones.

El interés también se extiende a otros proyectos. OpenAI anunció una alianza con Sur Energy para desarrollar un centro de datos de hasta 500 MW, alimentado con energía limpia y con una inversión potencial de hasta US$25.000 millones. Sin embargo, el proyecto todavía no tiene contrato definitivo: Emiliano Kargieman, cofundador de Sur Energy, afirmó en agosto que la empresa trabaja con la provincia de Neuquén para identificar una ubicación y que la decisión final depende de OpenAI.

En Chubut, la firma polaca Green Capital planea una primera etapa de 300 MW y una inversión de US$3.000 millones, con la posibilidad de escalar hasta 3.000 MW. La compañía arrienda unas 1.298 kilómetros cuadrados al sur de Trelew para instalar parques eólicos y solares, con el objetivo de operar sin utilizar la red eléctrica nacional. Para avanzar, todavía necesita inversores y prevé solicitar un régimen de promoción en 2027.

Bahía Blanca también busca posicionarse. Pampa Energía acordó suministrar 30 MW para la primera etapa de un centro de datos en la zona franca de la ciudad, donde ya comenzó la construcción de un parque tecnológico. El concesionario espera cerrar los acuerdos definitivos de inversión hacia fines de 2026. En paralelo, la agencia argentina de comunicaciones anunció que pretende crear una segunda estación de aterrizaje de cables de fibra óptica para mejorar la conectividad de la Patagonia.

El régimen de incentivos RIGI y la mayor estabilidad macroeconómica bajo la gestión de Javier Milei contribuyeron a instalar a la Argentina en el radar de los inversores, después de años de inflación elevada. Las ventajas fiscales y la estabilidad regulatoria del programa ya atrajeron inversiones en petróleo y minería. Aun así, algunos interesados esperan mayor claridad sobre la elección presidencial de 2027 y sobre el denominado Super RIGI, que prevé reducciones impositivas más amplias.

La disponibilidad de energía es una condición necesaria, pero no suficiente. Los desarrolladores también necesitan redes eléctricas, fibra óptica, financiamiento y contratos que permitan recuperar inversiones de gran escala. La Argentina todavía cuenta con centros de datos pequeños y concentrados en Buenos Aires, mientras Amazon avanza con un proyecto de grandes dimensiones en Chile y Google construye otro en Uruguay. Paraguay, por su parte, difundió planes para una instalación respaldada por Taiwán.

La brecha entre anuncios y obras será decisiva. Gustavo Castagnino, director de asuntos corporativos de Genneia, advirtió que existe interés y una gran cantidad de actores, pero que cada proyecto debe comenzar efectivamente. El costo de la infraestructura, la incertidumbre electoral y la conectividad pueden postergar decisiones; al mismo tiempo, la concentración de demanda eléctrica en instalaciones de hasta cientos de megavatios obligará a transparentar quién paga las ampliaciones y cómo se asigna la energía disponible.

La oportunidad patagónica combina recursos que el mercado tecnológico busca con una infraestructura que todavía debe construirse. Neuquén puede ofrecer gas, hidroelectricidad y bajas temperaturas; Chubut, generación eólica y solar; y Bahía Blanca, una plataforma industrial y logística. Pero el capital no se moviliza por anuncios: necesita reglas previsibles, contratos exigibles y señales de precios capaces de justificar inversiones cercanas a los miles de millones de dólares.