El crecimiento de la economía argentina será “bastante magro” durante los próximos dos años y podría acelerarse desde 2028 si se consolida la continuidad del programa económico, según estimó Diego Picardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso.
“Este año el crecimiento va a ser bastante magro en torno al 2%”, sostuvo Picardo. Para 2026 y 2027, planteó que la incertidumbre vinculada al calendario electoral afectará las decisiones de inversión y el consumo privado.
“La incertidumbre va a frenar bastante lo que es la inversión y el consumo privado”, explicó. En ese escenario, proyectó “2 años de una economía creciendo a ritmos bastante pobres”, con una expansión impulsada principalmente por los sectores exportadores.
El economista consideró que una eventual continuidad política del Gobierno podría destrabar proyectos de largo plazo que hoy permanecen a la espera de mayor previsibilidad. “Yo creo que una reelección de mi ley gatillaría estas grandes inversiones que están viendo a ver qué pasa”, afirmó.
Picardo ubicó el punto de inflexión en 2028: “Las elecciones gatillarían para mí la inversión que en 2028 va a hacer que el crecimiento sea bastante más importante, bastante más generalizado también”. Según su análisis, los proyectos mineros y energéticos requieren horizontes de planificación extensos y pueden postergar sus decisiones durante un año sin alterar sus planes de largo plazo.
Entre los sectores con capacidad de traccionar actividad mencionó la minería, la energía y las obras de infraestructura asociadas. Como ejemplo, señaló que el proyecto Vicuña, en San Juan, demandaría caminos y rutas para el traslado de la producción, mientras que las concesiones de 9.000 kilómetros de rutas podrían movilizar inversión privada.
“La inversión nada más es lo que te garantiza que el crecimiento puede ser sostenido a una tasa bastante más alta de lo que estamos hablando de 2%”, sostuvo. Para Picardo, la expansión de la productividad permitiría elevar los salarios: “La gente generalmente dice, bueno, cuándo crecen los salarios y cuando crezca la productividad, porque no hay otra manera”.
El economista también advirtió que una tasa del 2% resulta insuficiente para un país emergente cuya población crece. “La población crece al 1% anual, entonces ya de por sí para crecer en términos per cápita, tenés que crecer más del 1%”, explicó.
En su diagnóstico, Argentina debería crecer a una tasa cercana al 3,5% durante varios años para compensar el estancamiento acumulado. “Un país emergente suele crecer más que un país desarrollado”, afirmó, y sostuvo que la convergencia hacia economías de mayores ingresos requiere tasas de expansión superiores.
Picardo vinculó la revisión de las expectativas de crecimiento con el retraso de las inversiones y una menor expansión del crédito. Recordó que las proyecciones habían llegado a contemplar una expansión del 5%, luego descendieron hacia el 3,5% y finalmente se acercaron al 2%.
“Había una expectativa de que iba a haber mayor inversión, mayor consumo por el lado de los créditos que no terminó ocurriendo”, señaló. A su entender, parte de las decisiones que no se concretaron en el primer tramo del período fueron postergadas para después del proceso electoral.
Como reformas pendientes, Picardo mencionó una reforma tributaria y un eventual pacto fiscal que incentive a las provincias a reducir el gasto y los impuestos. “El gasto público nacional ya bajó cinco puntos del PIB, el gasto público provincial no bajó nada”, afirmó, y señaló que las jurisdicciones tienen margen para revisar el peso del empleo público dentro de sus presupuestos.



