El Tesoro entregó al Banco Central deuda vinculada al dólar por hasta US$2.000 millones a cambio de una letra en pesos que la autoridad monetaria ya tenía en cartera. La operación se pactó el viernes 4 de septiembre, se liquidó el lunes 7 y fue publicada ese mismo día en el Boletín Oficial mediante la Resolución Conjunta 53/2026.

El instrumento que salió del balance del BCRA fue la Lecap S30O6, denominada en pesos y con vencimiento el 30 de octubre de 2026. A cambio, recibió la Lelink D30S6, por hasta US$800 millones y con vencimiento el 30 de septiembre, y la Lelink D30O6, por hasta US$1.200 millones y con vencimiento el 30 de octubre.

La operación no fue un swap cambiario. No intervino una contraparte extranjera, no ingresaron dólares al país y las reservas internacionales no aumentaron. Se trató de un canje de deuda entre dos organismos del sector público argentino, que alteró la composición de los activos del Banco Central sin aportar liquidez externa nueva.

El cambio sí modifica el tipo de riesgo que queda en la cartera del BCRA. En lugar de una letra cuyo valor está expresado en pesos, la entidad pasó a tener títulos cuyo pago se mueve con el tipo de cambio. Esos instrumentos pueden ser vendidos en el mercado secundario o utilizados en el mercado de futuros para moderar la presión sobre el dólar sin desprenderse de reservas efectivas.

La herramienta llega con vencimientos muy próximos: uno a fines de septiembre y otro a fines de octubre. Esa estructura puede darle capacidad de intervención en el corto plazo, pero no constituye una fuente permanente de divisas ni resuelve por sí misma la restricción de reservas. El Estado cambia el activo del Banco Central y, con ello, la forma de administrar la presión cambiaria, pero no elimina el costo financiero ni el riesgo asociado a la deuda pública.

El precio del canje se fijó sobre la base de las cotizaciones de BYMA a las 13:30 del 4 de septiembre, con liquidación a 24 horas. La norma no informó una tasa de interés, comisión o spread, y ni el Banco Central ni el Ministerio de Economía difundieron una explicación oficial sobre el objetivo específico de la operación. Federico Matías Furiase, secretario de Finanzas, y Carlos Jorge Guberman, secretario del Tesoro, firmaron la resolución.

La operación se produjo mientras el tipo de cambio mayorista cerraba en 1.511,50 pesos por dólar, con una suba diaria de 0,23%, y el tipo vendedor del Banco Nación permanecía en 1.530 pesos. El techo de la banda cambiaria se ubicaba entre 1.880 y 1.889 pesos, según la referencia utilizada. Desde el 2 de enero de 2026, los límites de la banda se ajustan según la última inflación mensual publicada, en reemplazo del crawling peg fijo del 1% mensual vigente hasta fines de 2025.

Las reservas brutas alcanzaban US$50.733 millones al 7 de septiembre, jornada en la que el BCRA no compró dólares y puso fin a una racha de 27 sesiones consecutivas de compras. Martín de la Fuente sostuvo que la entidad ganó capacidad de intervención por hasta US$2.000 millones mediante instrumentos vinculados al dólar. Fernando Baer describió la estrategia como un intento de administrar el equilibrio entre el tipo de cambio y las tasas de interés, mientras que Roberto Geretto, de Adcap, señaló que el dólar operaba cerca del nivel que habría alcanzado con una depreciación mensual del 2% desde el inicio de la gestión de Javier Milei.