El periodista Carlos Pagni sostuvo que el Gobierno de Javier Milei aprovechó una declaración ambigua de Donald Trump sobre las Islas Malvinas para recuperar la iniciativa discursiva y desplazar, al menos temporalmente, el malestar económico y la crisis política que atravesaba la administración.

“Lo importante es que se hable de lo que el gobierno quiere que se hable. Eso le da centralidad”, afirmó Pagni al analizar la estrategia oficial. Según el editorialista, la Casa Rosada transformó una referencia de Trump —quien dijo que revisaba sus posiciones sobre la neutralidad estadounidense en el conflicto— en una oportunidad para instalar nuevamente la cuestión Malvinas en el centro de la agenda nacional.

Pagni atribuyó un papel decisivo a Santiago Caputo, a quien describió como el principal arquitecto de la estrategia comunicacional. “Vio la oportunidad y construyó una escenografía que es su especialidad”, señaló, en referencia al modo en que el asesor habría ordenado el discurso presidencial alrededor de la reivindicación de la soberanía argentina.

El analista remarcó que el Gobierno presentó la posición de Trump como un respaldo definido, pese a que la declaración del presidente estadounidense había sido formulada en términos abiertos. “Lo que parece una carambola, Gran Bretaña, Irán, los Estados Unidos, se transforma en un plan”, afirmó Pagni, quien advirtió que todavía no está claro hasta dónde llegará Washington en su eventual revisión de la política sobre Malvinas.

La ofensiva política también incluyó medidas contra empresas vinculadas con la explotación de hidrocarburos en las islas. Pagni mencionó una denuncia penal presentada por el canciller Pablo Quirno, con el respaldo del procurador del Tesoro, Sebastián Amerio, contra compañías que participan de la exploración petrolera en un área cuya soberanía reclama la Argentina.

De acuerdo con el editorialista, el Gobierno busca impedir que esas empresas realicen negocios en el país. También señaló que distintas firmas internacionales de servicios petroleros anunciaron que no continuarían con operaciones en Malvinas ante la amenaza de sanciones argentinas. “Si uno lo debe elegir entre Malvinas y Vaca Muerta, elige Vaca Muerta”, afirmó Pagni, al describir el peso creciente del yacimiento neuquino como incentivo para las compañías del sector.

Pagni vinculó la campaña diplomática con un refuerzo de los recursos asignados a áreas bajo la influencia política de Caputo, entre ellas la Secretaría de Inteligencia, las Fuerzas Armadas y el organismo encargado de las actividades espaciales. También mencionó el proyecto para construir una base naval en Tierra del Fuego, con funciones de abastecimiento antártico y relevancia estratégica para el Atlántico Sur.

El editorialista advirtió, además, sobre un cambio en el tono oficial. “Defender nuestra soberanía y recuperar nuestras islas requiere ser una nación políticamente relevante, económicamente influyente y militarmente respetable”, citó al referirse a una publicación de Caputo. Según Pagni, la incorporación de la dimensión militar marca una diferencia con la prudencia discursiva que mantuvieron los gobiernos argentinos desde 1983.

En ese marco, Pagni definió al oficialismo como “un gobierno liberal en lo económico, pero con rasgos muy marcados, populistas nacionalistas en lo político”. A su juicio, la remalvinización puede ordenar el discurso de cara a las elecciones y desplazar otros temas, aunque su eficacia dependerá de que el respaldo internacional atribuido a Trump se convierta en una posición concreta.

La disputa también podría tener consecuencias regionales. Pagni señaló que dirigentes opositores argentinos mantuvieron reuniones en Brasil con el canciller Mauro Vieira y con Celso Amorim, principal asesor de política exterior de Luiz Inácio Lula da Silva, para analizar una eventual política común entre ambos países sobre el Atlántico Sur. Al mismo tiempo, describió como “acérrima” la tensión entre los gobiernos de Milei y Lula y sostuvo que ese conflicto se proyecta sobre la campaña electoral argentina.