La Ciudad de Buenos Aires formó a más de 38.000 docentes en inteligencia artificial desde el año pasado y convirtió ese contenido en obligatorio dentro de su diseño curricular, según explicó Mercedes Miguel, responsable de Educación porteña. La estrategia fue presentada tras la difusión de los peores resultados de la Argentina en las pruebas PISA de los últimos 20 años.

“También no se nosotros no lo prohibimos. De hecho, la inteligencia artificial es un saber obligatorio en el diseño curricular”, afirmó Miguel. La funcionaria sostuvo que el objetivo no es impedir el uso de la herramienta, sino que los alumnos comprendan su funcionamiento y puedan utilizarla con criterio.

La funcionaria advirtió que la inteligencia artificial puede reemplazar parte del proceso de aprendizaje cuando los estudiantes delegan en ella la lectura, el análisis y la resolución de problemas. “Lo que está haciendo la inteligencia artificial y lo estamos viendo en las evaluaciones es que está reemplazando el proceso del desarrollo cognitivo. Se llama deuda cognitiva”, señaló.

Como respuesta, la Ciudad busca que los alumnos puedan contrastar las respuestas generadas por los sistemas de IA. “Podría decir, utilicen la inteligencia artificial, traigan la respuesta y refútenla, pero vos ahí tenés que tener un saber previo”, planteó Miguel. La política contempla contenidos diferenciados para los primeros grados de primaria y para los niveles posteriores, con la idea de que los estudiantes lleguen a la secundaria con herramientas para manipular la tecnología.

El anuncio se conoció junto con los resultados de un estudio realizado por la Ciudad y el ITBA sobre el uso de pantallas. La investigación tomó una muestra representativa de 3.200 estudiantes de 92 escuelas porteñas y relevó efectos sobre el aprendizaje y el bienestar socioemocional.

Según los datos expuestos, los estudiantes secundarios pasan alrededor de seis horas diarias frente al celular. Miguel comparó ese tiempo con “cuatro partidos de fútbol diarios” y con “2.200 videos de menos de 10 segundos”. También indicó que el 40% de los estudiantes relevados presentó señales de ansiedad, depresión o somnolencia, en una muestra que incluyó alumnos de 13 y 16 años.

La Ciudad mantiene además la prohibición del celular durante el aprendizaje y promueve compromisos familiares para postergar el acceso de los niños al smartphone. “El celular está prohibido al momento del aprendizaje”, sostuvo Miguel, quien vinculó la exposición a las pantallas con la pérdida de la lectura profunda, la conversación y el tiempo destinado al juego, el deporte y el descanso.

El deterioro educativo quedó reflejado en la última evaluación PISA mencionada durante el programa. El 76% de los alumnos argentinos no alcanzó el nivel básico en matemática, mientras que la proporción fue del 60% en lectura y del 59% en ciencias. Además, menos de uno de cada 12 estudiantes logró el nivel básico en las tres materias.

Frente a ese escenario, Miguel propuso concentrar los recursos en alfabetización, matemática, formación docente y bienestar socioemocional. “No necesariamente siempre es más plata. Hay sistemas educativos que tienen la inversión más alta, pero no tienen los mejores resultados”, afirmó. Y agregó que el recurso debe dirigirse a “lengua, matemática, formación docente, bienestar socioemocional y sostenerlo a lo largo del tiempo”.

La funcionaria también defendió volver a prácticas tradicionales de enseñanza para limitar la sustitución del esfuerzo cognitivo por herramientas digitales. “Estamos volviendo a la fuente”, dijo, y enumeró el regreso de la escritura manuscrita, la lectura en voz alta y las evaluaciones que permitan comprobar si los alumnos comprendieron efectivamente los textos.