La Argentina obtuvo en PISA 2025 sus peores resultados desde que comenzó a participar de la evaluación, en 2006. Los alumnos de 15 años alcanzaron 367 puntos en matemática, 389 en lectura y 393 en ciencias, con caídas de 11, 12 y 13 puntos respectivamente frente a 2022.
El retroceso argentino se inscribe en una caída regional más amplia. Los 13 países latinoamericanos evaluados quedaron por debajo de los promedios de la OCDE en las tres áreas medidas. La organización registró, además, sus promedios globales más bajos desde el inicio de la prueba: 461 puntos en lectura, 463 en matemática y 482 en ciencias.
La señal más preocupante para la Argentina aparece en el nivel básico de conocimientos. Apenas el 24% de los estudiantes alcanzó el nivel 2 en matemática, considerado por la OCDE como el umbral mínimo, frente al 65% registrado en el conjunto de la organización. Al mismo tiempo, se amplió la distancia entre los alumnos de mejor y peor desempeño en matemática y ciencias.
El problema no es únicamente escolar. Una economía necesita trabajadores capaces de comprender instrucciones, resolver problemas y adaptarse a tecnologías y procesos productivos cambiantes. Cuando una proporción tan elevada de los jóvenes no alcanza competencias matemáticas elementales, se reduce el capital humano disponible y se vuelve más difícil sostener mejoras de productividad, salarios y crecimiento potencial.
La comparación regional expone que el deterioro no es inevitable. Uruguay lideró América Latina en matemática y ciencias, con 404,9 y 444,5 puntos, respectivamente, y obtuvo en ciencias su mejor resultado histórico. Chile quedó al frente en lectura, aunque también registró caídas en esa materia y en matemática. Argentina se ubicó detrás de Uruguay, Chile, Colombia, México, Brasil y Perú.
Incluso los países con mejor desempeño regional mantienen una distancia relevante respecto de la OCDE. En Uruguay, el 58% de los estudiantes no alcanzó el nivel mínimo en matemática y el 43% quedó por debajo de ese umbral en lectura. La mejora relativa de un país latinoamericano no elimina la magnitud del desafío educativo que enfrenta la región.
Los resultados requieren una lectura cuidadosa porque PISA evalúa solamente a jóvenes de 15 años que están escolarizados. La OCDE advirtió que, en Colombia y Costa Rica, parte del deterioro aparente en matemática y lectura puede estar asociado con la incorporación al sistema de estudiantes de poblaciones antes marginadas. Las tasas de abandono también modifican el universo observado: cuanto mayor es la deserción, menor es la proporción de la cohorte que participa de la evaluación.
Para la Argentina, sin embargo, la caída simultánea en las tres áreas y la ampliación de la brecha interna constituyen una advertencia concreta sobre la calidad del capital humano que llegará al mercado laboral. La educación no produce resultados por decreto: requiere instituciones capaces de transmitir conocimientos básicos, medirlos con transparencia y corregir a tiempo las fallas. Sin esa base, cualquier estrategia de crecimiento enfrenta una restricción estructural antes incluso de discutir inversión, tecnología o competitividad.



