El empresario del sector cerámico Martín Rappallini afirmó que la construcción atraviesa un momento difícil por la caída del consumo y sostuvo que su compañía realizó un reordenamiento interno hace dos años para anticiparse al ajuste.

“El sector de la construcción, de los más impactados. Estamos con una caída”, señaló Rappallini. A pesar del escenario adverso, aseguró que la empresa mantuvo su nivel de inversiones y remarcó que la crisis alcanza al conjunto de la actividad.

Durante el intercambio, el empresario vinculó los precios elevados de la producción nacional con un conjunto de distorsiones acumuladas durante los períodos de economía cerrada. Mencionó el aumento de impuestos, la inflación, la incertidumbre para adquirir materias primas, los problemas laborales y la falta de crédito.

“Todas esas distorsiones estaban en los precios”, sostuvo. Como ejemplo, afirmó: “Yo pagaba una cubierta tres veces más caro que si cruzaba Paraguay o a Brasil”, y rechazó que esa diferencia obedeciera necesariamente a ganancias extraordinarias de las empresas.

Rappallini también planteó que la inestabilidad modificó las prioridades de las compañías. “En vez de pensar en ser eficiente, estabas trabajando a la cobertura”, explicó, al referirse a la necesidad de protegerse frente a la inflación, los litigios laborales y la falta de previsibilidad.

Según su diagnóstico, las empresas pueden trasladar los costos de un sistema distorsionado a los precios o recurrir a la informalidad. “El empresario de alguna manera tiene dos formas de cubrirse, o con precio o con informalidad”, afirmó, y vinculó esa dinámica con un nivel de informalidad que ubicó en el 40%.

El empresario rechazó que el problema central sea la conducta individual de quienes producen. “Demonizar al sector empresario es no entender ni ser empático con su realidad”, dijo. En esa línea, sostuvo que la rentabilidad no siempre se traduce en expansión porque la incertidumbre desalienta la compra de maquinaria, la contratación de personal y la reinversión.

“El diagnóstico es que tenés un sistema económico que funciona mal”, afirmó Rappallini. Entre los costos que, según explicó, terminan incorporándose a los precios enumeró la presión fiscal, el financiamiento, los cortes de rutas, los paros, los trámites y los juicios laborales.

Como objetivo para la industria, planteó la necesidad de ofrecer bienes con estándares comparables a los del exterior. “Nosotros tenemos que darle a nuestros ciudadanos precio y calidad internacional”, sostuvo, aunque advirtió: “Con 46% de impuestos no voy a poder darle el precio internacional con un país como Paraguay que cobra la mitad de los impuestos”.

Rappallini concluyó que la salida requiere normalizar las condiciones de funcionamiento de la economía. “Tenemos que construir un sistema económico que haga viable la actividad”, afirmó, y agregó que una mirada sistémica permitiría reducir los costos que terminan reflejándose en los precios finales.