Banco Patagonia acordó comprar la operación minorista de Banco Industrial, conocido como Bind, en una transacción que ampliará su presencia en el sistema financiero argentino. El perímetro incluye 28 sucursales distribuidas entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Tucumán, además de unos 200.000 clientes.

La operación no implica la adquisición del banco vendedor. Bind conservará su licencia, una sucursal en el centro porteño y su negocio corporativo, mientras abandona la banca minorista para concentrarse en empresas y asociaciones con compañías de tecnología financiera. La separación permite a cada entidad especializarse en segmentos distintos sin transferir la totalidad de la estructura societaria.

El activo más relevante para Banco Patagonia no son necesariamente los locales, sino las relaciones recurrentes con los clientes. La cartera incluye los pagos previsionales de 396.307 jubilados, además de depósitos y personal, que será transferido con el reconocimiento de su antigüedad laboral. En una actividad donde la escala condiciona los costos y la capacidad de sostener redes de atención, esa base puede ser más valiosa que la infraestructura física aislada.

Banco Patagonia pertenece en un 80% a Banco do Brasil, entidad controlada por el Estado brasileño, que mantiene su presencia en la Argentina desde 2010. La compra representa una expansión de la filial en un mercado donde las entidades más pequeñas encuentran dificultades para hacer rentable el negocio minorista y donde las redes de sucursales y las carteras de pagos se convierten en activos transables.

El precio de la operación no fue informado por las partes. Una cifra cercana a los US$60 millones circula como estimación de mercado, pero no constituye un valor confirmado. Como referencia, Banco Columbia fue vendido por algo más de US$40 millones con 36 sucursales y unos 400.000 clientes, aunque las diferencias entre las carteras y los negocios transferidos impiden tomar ese antecedente como una valuación directa.

La transacción requiere la aprobación del Banco Central, la Comisión Nacional de Valores, la autoridad de defensa de la competencia y el organismo previsional. Esta última autorización resulta central por el traspaso de la operatoria de pagos a jubilados. La transferencia completa de las sucursales está prevista para enero de 2027 y, hasta entonces, no deberían producirse cambios para los clientes.

Para Banco Patagonia, la compra ofrece una vía rápida para ampliar escala y densidad comercial sin construir desde cero una red minorista. Para Bind, el desprendimiento expresa una decisión de asignación de capital: conservar la licencia y el negocio corporativo, pero retirar recursos de una actividad que considera menos atractiva. El resultado dependerá de que el comprador pueda integrar la cartera sin deteriorar el servicio y de que el vendedor logre convertir su foco corporativo y tecnológico en una operación más eficiente.

El movimiento también modifica, aunque de manera acotada, la estructura competitiva del sistema financiero argentino. Un banco con control brasileño incorpora sucursales, clientes y una relación previsional de gran escala, mientras un competidor local reduce su exposición al segmento minorista. La operación muestra cómo, en un contexto de márgenes estrechos, la competencia se redefine mediante la compra de plataformas existentes y no solo a través de la apertura de nuevas oficinas.