Donald Trump volvió a intervenir públicamente en la disputa por Malvinas y afirmó que podría “resolver” un eventual conflicto entre Argentina y Reino Unido si ambos países le pidieran ayuda. El presidente estadounidense describió una guerra por las islas como un “potencial desastre”, sin precisar qué mecanismo diplomático utilizaría ni bajo qué condiciones actuaría Washington.
Durante una visita a Dublín, Trump fue consultado sobre una reciente conversación telefónica con el primer ministro británico Andy Burnham y sobre si habían hablado de Malvinas. En ese contexto, sugirió que el Reino Unido podría no estar dispuesto a enviar recursos hasta el Atlántico Sur si Argentina intentara recuperar las islas, porque el viaje demandaría “semanas en barco”.
Trump también vinculó la capacidad británica para responder con otros problemas internos del Reino Unido. Mencionó la inmigración, la energía y “otros problemas” que el país debería atender, una referencia que introduce dudas sobre el grado de compromiso que Londres mantendría ante una eventual crisis militar a miles de kilómetros de su territorio.
La posición estadounidense sobre la soberanía de las islas es formalmente neutral, aunque Washington respaldó la campaña británica para recuperar el archipiélago después de la invasión argentina de 1982. La nueva intervención de Trump agrega incertidumbre a ese antecedente y expone una posible tensión entre la relación de Estados Unidos con el Reino Unido y su vínculo político con el presidente argentino Javier Milei.
Milei reiteró el reclamo argentino en un mensaje transmitido por cadena nacional y afirmó que las islas “son nuestro futuro”. El gobierno argentino también impuso sanciones contra personas y empresas vinculadas con la exploración petrolera alrededor de Malvinas y anticipó una denuncia penal contra Navitas Petroleum por sus operaciones en la zona.
La disputa dejó así de ser exclusivamente diplomática: la actividad hidrocarburífera convirtió la cuestión de soberanía en un conflicto con efectos sobre contratos, inversiones y riesgo operativo. Las sanciones y la amenaza de acciones penales elevan la incertidumbre para las compañías involucradas, mientras que cualquier cambio en el respaldo político externo puede modificar el cálculo de quienes asignan capital a proyectos en el Atlántico Sur.
En el Reino Unido, Burnham afirmó ante la Cámara de los Comunes que su gobierno sería “implacable” en la defensa del derecho de los habitantes de las islas a seguir siendo británicos. Esa posición choca con el planteo argentino y deja poco espacio visible para una negociación de corto plazo, especialmente mientras la discusión incorpora energía, sanciones y presencia empresarial.
La guerra de 1982 duró poco más de 70 días y provocó la muerte de 255 militares británicos, 655 argentinos y tres habitantes de las islas. Las declaraciones de Trump no anuncian una solución ni modifican por sí mismas el estatus de Malvinas, pero vuelven a colocar el conflicto en el centro de la agenda de seguridad y pueden tensionar simultáneamente los vínculos diplomáticos, la explotación de recursos y las expectativas de empresas y gobiernos sobre la estabilidad de la región.



