Chevron analiza ampliar su negocio global de gas natural licuado con Argentina como uno de los destinos prioritarios. La empresa busca responder a una demanda creciente de los compradores de energía, impulsada por la preocupación sobre la seguridad del suministro después de las disrupciones provocadas por la guerra en Ucrania y el conflicto entre Irán y Estados Unidos.
Freeman Shaheen, presidente de Gas Global de Chevron, afirmó que la compañía observa “grandes perspectivas” en Argentina a partir del desarrollo del petróleo y el gas del país. La declaración no implica todavía un anuncio de inversión ni identifica un proyecto concreto, pero incorpora a la Argentina a la lista de mercados que la petrolera está evaluando para expandir su cartera internacional.
La capacidad de suministro de Chevron rondará los 20 millones de toneladas anuales de GNL: 16 millones de toneladas provenientes de la producción neta de sus proyectos y otros 4 millones contratados en la costa estadounidense del Golfo de México. Este último volumen comenzó a incorporarse en febrero y aumentará durante los próximos años de acuerdo con los contratos vigentes.
El atractivo de Argentina dependerá de que los proyectos puedan transformar recursos gasíferos en exportaciones competitivas. Shaheen señaló que las oportunidades en Australia, África y el Mediterráneo oriental serán analizadas en función de las condiciones de capital, fiscales y regulatorias. La rentabilidad esperada no depende solamente del tamaño de los yacimientos: también exige reglas previsibles, acceso a infraestructura y contratos capaces de sostener inversiones de largo plazo.
La mayor volatilidad geopolítica modificó la forma en que los compradores buscan abastecerse. Para Chevron, las recientes crisis reforzaron la necesidad de diversificar tanto el origen del gas como las estructuras contractuales, evitando una exposición excesiva a un mercado spot menos líquido que el de petróleo crudo y derivados.
Ese cambio favorece a los proveedores con carteras diversificadas y capacidad para combinar producción propia con contratos de terceros. También aumenta el valor de los acuerdos de largo plazo, porque permiten distribuir el riesgo entre productores y compradores y reducen la dependencia de una única ruta o región de suministro.
Chevron ya opera los proyectos australianos Gorgon y Wheatstone, y una parte importante de ese gas se destina a Japón. La compañía también considera atractivos a China, Corea y Singapur; en este último mercado acordó en 2024 suministrar hasta 0,6 millones de toneladas anuales de GNL a Sembcorp Industries a partir de 2028.
La expansión del gas compite, además, con otras asignaciones de capital dentro de la propia empresa. Chevron y sus socios prevén invertir más de US$7.000 millones en Venezuela para más que duplicar la producción de petróleo hacia 2031. Shaheen explicó que todas las oportunidades serán analizadas y ordenadas dentro de la cartera de proyectos, una señal de que Argentina deberá competir por capital con activos ya existentes y con nuevas propuestas en distintas regiones.
India aparece como otro mercado potencial, aunque Chevron todavía no cerró un acuerdo allí. Shaheen describió a los compradores indios como muy concentrados en el precio final. La tensión resume el desafío del negocio: los consumidores buscan seguridad y diversificación, pero las nuevas inversiones solo avanzan cuando las condiciones fiscales, regulatorias y contractuales permiten convertir esa demanda en retornos suficientes.



