Chile representó el 19,4% de la producción minera mundial de litio en 2025, contra aproximadamente el 26% en 2020. La caída no refleja un retroceso de sus minas: el país produjo 56.000 toneladas de contenido de litio, pero el resto del mundo avanzó mucho más rápido y redujo su participación relativa.
Los datos de Cochilco muestran que la producción chilena aumentó 14,5% en 2025, desde 48.900 hasta 56.000 toneladas. En el mismo período, la producción mundial creció 29,3%, hasta 288.380 toneladas. En mercados de commodities, crecer menos que los competidores equivale a perder peso, incluso cuando el volumen propio aumenta.
El cambio también modificó el ranking global. Australia mantuvo el primer lugar con 92.000 toneladas, mientras China elevó su producción 49,8%, hasta 62.000 toneladas, y desplazó a Chile al tercer puesto. Argentina y Zimbabwe aparecen entre los países que están incorporando toneladas con rapidez; BNamericas proyectó que el crecimiento argentino podría superar el 120% en 2026, aunque se trata de una previsión y no de un resultado ya registrado.
La expansión ocurre en un mercado golpeado por precios bajos. El Servicio Geológico de Estados Unidos informó que varios productores redujeron operaciones o postergaron proyectos durante 2025 debido a la menor rentabilidad. En Chile, el valor de las exportaciones de litio cayó de US$2.520 millones en 2024 a US$2.180 millones en 2025, aun cuando el volumen producido subió.
La presión de precios también redujo el peso del litio dentro de la canasta minera chilena. Su participación pasó de 8,9% en 2022 a 2% en 2025. Más producción no necesariamente implica más ingresos cuando la oferta global crece por encima de la demanda o cuando los precios disminuyen con mayor velocidad que los costos.
La principal base productiva chilena sigue siendo el Salar de Atacama, donde operan SQM y Albemarle. Bajo la Estrategia Nacional del Litio, Codelco se asoció con SQM en NovaAndino Litio: la empresa estatal tiene el 50% más una acción, SQM conserva el control operativo hasta 2030 y Codelco asumiría la gestión desde 2031. El acuerdo busca sostener la producción del salar hasta 2060.
El límite para sumar nueva oferta no es geológico, sino institucional y operativo. Los proyectos requieren contratos especiales, permisos ambientales y procesos de consulta indígena. La industria pidió al gobierno de Kast acelerar la adjudicación de contratos, pero no se anunciaron cambios de reglas. Además, los cierres de dos operaciones de Rio Tinto se desplazaron hacia fines de 2026 o comienzos de 2027, mientras Codelco postergó hasta 2034 el inicio previsto para Maricunga, originalmente apuntado para 2030.
Cada demora reduce la capacidad de Chile para capturar la próxima ola de inversión y deja espacio para que Australia, China, Argentina y otros productores ganen escala. La asociación con el Estado puede preservar control sobre un recurso estratégico, pero también concentra las decisiones, alarga los permisos y limita el margen de los inversores privados, que suelen ingresar como socios minoritarios. La evolución de NovaAndino Litio, la velocidad de los nuevos contratos y el comportamiento de los precios definirán si el 19,4% es un piso o el comienzo de otra pérdida de participación.



