El analista económico Salvador Di Stefano sostuvo que comprar dólares dejó de ser un negocio rentable en la Argentina porque el país atraviesa un cambio de régimen económico, con superávit fiscal, menor emisión y mayores flujos de divisas vinculados con el campo, la energía, la minería y la economía del conocimiento.
“El que compró dólares realmente 3% contra una inflación de 36% realmente hizo un pésimo negocio”, afirmó. Según su explicación, el dólar M y el dólar blue pasaron de 148 a 1531 en el período de un año que tomó como referencia, lo que implicó una suba del 3% frente a una inflación del 36%.
Di Stefano describió cuatro motores para la economía argentina: una cosecha de 170 millones de toneladas de soja, trigo, maíz y girasol; las exportaciones de petróleo y gas; los proyectos mineros; y la industria del conocimiento, a la que atribuyó un aporte cercano a los US$10.000 millones.
El consultor también mencionó el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Dijo que existen proyectos aprobados por US$50.000 millones y que, hacia fines de 2026, ingresarían US$10.500 millones. Además, señaló que quedarían proyectos por aprobar por US$153.000 millones, aunque no precisó el origen ni el estado administrativo de esa cifra.
“En la medida que el Gobierno se mantenga con superávit fiscal y haya ahorro público y empecemos a ver este ahorro en el sector privado, difícilmente podamos tener una devaluación”, señaló Di Stefano. A su vez, rechazó que la Argentina esté cerca de atravesar una enfermedad holandesa por el ingreso de dólares, debido a las obligaciones financieras y a la necesidad de acumular reservas.
En ese sentido, afirmó que las reservas brutas alcanzan los US$50.000 millones y que representan menos del 10% del producto interno bruto. También sostuvo que el país recibió cerca de US$30.000 millones de apoyo del Fondo Monetario Internacional y de organismos financieros internacionales, en operaciones que describió como renovación y extensión de plazos de deuda existente.
El analista planteó que el cambio de precios relativos también obliga a las empresas a modificar la administración del capital de trabajo. “Si vos fueras un supermercado, te diría, trabajá justo a tiempo con stock justo y necesario”, expresó, al recomendar reducir inventarios en un escenario de tipo de cambio estable e inflación decreciente.
Para el sector automotor, Di Stefano observó una sobreoferta de vehículos chinos en Brasil y en la Argentina, que habría reducido las posibilidades de exportación de las terminales locales y aumentado sus niveles de stock. Por eso, recomendó a las empresas automotrices readecuar la producción a la demanda y desprenderse de existencias, mientras que a los consumidores con capacidad de pago les sugirió aprovechar los precios actuales.
Respecto del consumo, sostuvo que los comercios deben adaptar sus productos a compras más fraccionadas y a la entrega a domicilio. Como ejemplo, planteó que una carnicería puede ofrecer porciones pequeñas envasadas al vacío en lugar de vender únicamente cortes grandes. “Hoy la gente cambió patrones y conducta de consumo”, afirmó.
Di Stefano también se refirió al empleo y dijo que observa una caída del trabajo registrado junto con un aumento de la informalidad y del emprendedurismo. “La gente quiere tener su propio negocio”, afirmó. En materia de política económica, reclamó una nueva iniciativa de exteriorización de activos, una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y un sendero de reducción de impuestos en el Presupuesto 2027.
Finalmente, sostuvo que los depósitos en dólares del sistema financiero pasaron de US$14.000 millones a US$40.000 millones, mientras que los préstamos en dólares subieron de US$3.500 millones a US$24.000 millones. “La gente sin que haya un sendero hacia la dolarización se dolariza y empieza a circularizar el dólar”, concluyó.



