La tercera revisión del programa del FMI comenzará con la llegada de una misión a la Argentina durante la semana del 21 de septiembre de 2026. El examen abarcará las cuentas públicas, la trayectoria de la inflación, la acumulación de reservas y el cumplimiento de las metas fiscales y de reformas estructurales.
La principal referencia fiscal para 2026 será un superávit primario de 1,4% del producto. El objetivo originalmente acordado era de 2,2%, por lo que la vara fue reducida en ocho décimas. Cumplir la meta vigente no equivale a cumplir el compromiso inicial y esa diferencia será central para medir el desempeño del programa.
El frente de reservas aparece como el punto más sensible de la revisión. El Banco Central acumuló más de US$14.000 millones durante el año, pero el ritmo de compra se desaceleró considerablemente. En un programa con el FMI no importa únicamente el nivel alcanzado, sino también la trayectoria de acumulación frente a los objetivos establecidos.
La dificultad ya había quedado expuesta en la segunda revisión, realizada en febrero de 2026. En esa instancia, el Gobierno solicitó un waiver después de incumplir la meta de reservas: el objetivo era una mejora de US$3.000 millones y el desvío informado sobre las reservas netas rondó los US$13.000 millones, con un cierre aproximadamente US$14.000 millones negativo.
La misión llegará apenas unos días antes de un vencimiento de US$806 millones, previsto para el 25 de septiembre. Los pagos netos al FMI hasta el final de 2026 sumarían alrededor de US$1.130 millones, mientras que las obligaciones con acreedores privados de 2027 alcanzarían aproximadamente US$13.000 millones.
Ese calendario limita el margen de maniobra de la política económica. La acumulación de reservas no es solamente una señal de fortaleza externa: también define la capacidad de atravesar los vencimientos sin recurrir a nuevas restricciones, deuda o cambios abruptos en las reglas. A febrero de 2026, quedaban cerca de US$6.000 millones disponibles bajo la facilidad vigente.
El FMI redujo su proyección de crecimiento argentino para 2026 de 4% a 3,5% y mantuvo una expectativa de inflación cercana al 25% para el cierre del año. La combinación sugiere que la estabilización continúa, aunque con una recuperación más lenta que la prevista inicialmente.
La revisión también llega en un contexto de preocupación por la calidad del crédito a los hogares. Una portavoz del FMI sostuvo el 10 de septiembre que el aumento de la morosidad de los préstamos familiares no representaba por ahora un riesgo significativo para la estabilidad financiera, aunque remarcó la necesidad de desarrollar los mercados financieros para que el crédito llegue a las empresas.
El resultado de la revisión tendrá importancia más allá de la aprobación formal de las metas. Una evaluación favorable sobre un objetivo fiscal ya reducido podría sostener la continuidad del programa, pero no resolvería la tensión entre la desaceleración de las reservas, los pagos próximos y la pared de vencimientos privados de 2027. La cuestión decisiva será si la estabilización puede transformarse en capacidad genuina de financiamiento sin volver a depender de metas flexibilizadas o de nuevos recursos oficiales.



