Los mercados globales arrancaron la semana bajo la presión simultánea de un shock energético y una revisión de las expectativas sobre la inversión en inteligencia artificial. El Brent avanzó 3,7% y superó los US$108 por barril después del cierre preventivo del oleoducto East-West de Arabia Saudita tras ataques recientes. El WTI se acercó a los US$104.

La tensión petrolera se agravó por el aplazamiento de una reunión entre Irán y países del Golfo para discutir un corredor temporal de navegación en el estrecho de Ormuz. La combinación dejó abierta la posibilidad de nuevas interrupciones en el suministro y llevó a los mercados europeos de bonos a incorporar un escenario de inflación energética más persistente.

El frente tecnológico añadió presión sobre los activos de riesgo. Los futuros del Nasdaq cayeron 1,5%, mientras los contratos del S&P 500 retrocedieron 0,6%. Los semiconductores se hundieron 4,7% en las operaciones previas a la apertura de Wall Street, con bajas de 6% para Intel, 5% para Micron y 7% para CoreWeave. En Asia, el Kospi perdió 3,3% y las acciones vinculadas con centros de datos lideraron las ventas.

El disparador fue el llamado de Dario Amodei, CEO de Anthropic, a ralentizar el desarrollo de los modelos más avanzados y reforzar las salvaguardas. Sam Altman, de OpenAI, respaldó la propuesta y Elon Musk afirmó que Amodei tenía razón. La discusión no equivale a una pausa de la inversión, pero introduce dudas sobre el ritmo de expansión que sostiene las valuaciones de las compañías tecnológicas y el ciclo de gasto en infraestructura.

La presión sobre las acciones de inteligencia artificial opera por dos vías. Un crecimiento esperado más lento reduce el valor presente de las ganancias futuras, mientras que una política monetaria más restrictiva eleva la tasa de descuento aplicada a esos flujos. Chris Armstrong, de Berenberg, describió el movimiento como una reversión de la exuberancia considerada irracional durante el verano y como una nueva reducción de las expectativas.

El petróleo, en cambio, complica la respuesta de los bancos centrales. El mercado asignaba una probabilidad cercana al 90% a una suba de 25 puntos básicos de la Reserva Federal en la reunión de esta semana, después de que la inflación subyacente de Estados Unidos avanzara 0,29% mensual en agosto, por encima de las expectativas y del 0,22% de julio. La suba del crudo amenaza con prolongar las presiones sobre los precios justo cuando las autoridades evalúan endurecer las condiciones financieras.

La reacción en las tasas todavía fue desigual. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se mantuvo cerca de 4,97%, apenas por debajo del 5%, mientras los rendimientos a dos años de Reino Unido y Alemania subieron seis y cinco puntos básicos, respectivamente. El dólar avanzó 0,4% y el oro cayó por debajo de los US$4.300 la onza. La divergencia sugiere que el mercado está absorbiendo el shock energético con mayor intensidad en Europa, donde el encarecimiento del gas y del petróleo deteriora de inmediato el panorama inflacionario.

La semana concentra decisiones de la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón, además de datos de ventas minoristas y producción industrial de Estados Unidos, inflación británica y actividad de China. Para los inversores, el punto central será si el encarecimiento de la energía se transforma en una inflación persistente o si el repliegue de las acciones tecnológicas queda limitado a una toma de ganancias. Por ahora, dos señales se mueven en la misma dirección: el petróleo encarece la economía y la discusión sobre la IA reduce la visibilidad del retorno esperado de una de las mayores apuestas de capital del ciclo.