Estados Unidos autorizó a la Argentina a comprar cuatro helicópteros Black Hawk, una operación que profundiza la cooperación militar entre ambos países y se suma a la reciente incorporación de otros sistemas de defensa de origen estadounidense.

La autorización fue confirmada durante la semana pasada y contempla la adquisición de cuatro aeronaves. Por su escala, la operación no modificaría por sí sola el equilibrio militar, pero tiene relevancia como señal política y estratégica.

La compra se produce en un momento de acercamiento entre Buenos Aires y Washington, mientras la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido atraviesa nuevas tensiones vinculadas con la cuestión de las Islas Malvinas.

La Argentina ya incorporó aviones F-16 y vehículos blindados Stryker. Aunque parte de esos equipos fue adquirida a Dinamarca, su transferencia requirió la aprobación de Estados Unidos, debido al origen de la tecnología y de los sistemas involucrados.

La operación también marca un contraste con la posición estadounidense durante la guerra de 1982, cuando Washington bloqueó el acceso argentino a helicópteros de fabricación estadounidense.

El giro en la relación militar con la Argentina se interpreta como una ruptura con la política seguida durante aquel conflicto y como un fortalecimiento de los vínculos de defensa entre Buenos Aires y Washington.

El acercamiento ocurre mientras Donald Trump volvió a referirse a la situación del Reino Unido. El presidente estadounidense afirmó que existen problemas de inmigración y energía y sostuvo que estaría dispuesto a mediar ante un eventual conflicto, aunque no se detallaron las condiciones de esa intervención.

En paralelo, dirigentes de Irlanda del Norte, Escocia y Gales plantearon trabajar en mecanismos de autodeterminación y en la posibilidad de celebrar referéndums para obtener un reconocimiento como entidades autónomas. La evolución de ese proceso podría abrir una oportunidad diplomática para la Argentina, aunque su alcance y duración todavía son inciertos.