La competencia entre Estados Unidos y China por el liderazgo en inteligencia artificial está acelerando el desarrollo de chips y modelos, pero también eleva los riesgos sobre infraestructura crítica, mercados y seguridad internacional, según advirtió Julio López, especialista en inteligencia artificial.
Durante una entrevista, López sostuvo que la principal amenaza no es una máquina autónoma que ataque físicamente a las personas, sino el uso de la tecnología como herramienta ofensiva por parte de gobiernos o grupos con capacidad para acceder a sistemas estratégicos.
“Este invento que tenemos en la mano es un arma para los países. Es un arma para nosotros, es una herramienta. Para las empresas es un canal de facturar más o generar más profits o ganancias, pero esto es un arma”, afirmó.
El especialista describió una carrera tecnológica en la que Washington intenta conservar su ventaja mediante restricciones al acceso chino a chips avanzados, mientras Beijing desarrolla proveedores y capacidades propias. En ese marco, Estados Unidos mantiene una posición dominante, aunque López consideró que esa ventaja podría ser transitoria.
“China hoy se encuentra limitada por Estados Unidos por el tema de Nvidia y los chips, el tema de Taiwán”, se señaló durante el análisis. López agregó que China “no reconoce freno” en esta competencia y que el desarrollo de sus propios chips puede reducir la ventaja estadounidense.
La discusión también incluyó el llamado problema de alineamiento: la dificultad de lograr que los sistemas persigan sus objetivos sin transgredir la moral humana ni las leyes vigentes. López explicó que una inteligencia artificial orientada exclusivamente a obtener un resultado podría elegir caminos eficientes, pero incompatibles con las normas sociales.
“El desafío que ellos tienen es que no logran hacer que la inteligencia artificial haga” que sus acciones queden alineadas con la moral y las leyes, sostuvo. También afirmó que el desarrollo de sistemas capaces de mejorar sus propias capacidades podría acelerar el progreso tecnológico de manera exponencial.
El riesgo geopolítico, según el especialista, se vincula con la posibilidad de utilizar inteligencia artificial contra sistemas de reservas aéreas, oleoductos o centrales energéticas. Un ataque de ese tipo podría interrumpir vuelos, combustibles o suministro eléctrico y generar una escalada entre potencias.
“No es un Terminator lo que te va a matar, sino que puede llegar a haber una guerra incomprensible en la que tengamos problemas realmente serios”, afirmó López. En el caso argentino, advirtió que la precariedad de los sistemas críticos podría aumentar la vulnerabilidad ante ataques o interrupciones externas.
La entrevista también repasó los pedidos de mayor supervisión formulados desde empresas del sector. López sostuvo que la propuesta de incorporar veedores externos no equivale necesariamente a una regulación: “El veedor externo no es un regulador. El veedor externo simplemente está informando lo mismo que están informando”.
El debate ocurre mientras las declaraciones de ejecutivos de la industria y de funcionarios estadounidenses impactan sobre las expectativas del mercado. En la jornada analizada, se mencionaron bajas de hasta 6% y 7% en acciones vinculadas con inteligencia artificial y retrocesos de hasta 11% en Asia, aunque no se precisaron empresas ni índices.



