El economista Aldo Abraham advirtió que la Argentina atraviesa una transición productiva después de décadas de desequilibrios y protección sectorial. "La Argentina viene de más de 90 años de creciente anormalidad", afirmó, y sostuvo que empresarios y trabajadores se adaptaron durante ese período a un esquema orientado a sobrevivir.

Según Abraham, el proceso iniciado en 2023 hacia una economía más normal no será inmediato. "Más de 90 años de hacer macanas no lo vamos a resolver ni en un periodo presidencial, ni en dos, ni en tres", señaló, al plantear que los cambios estructurales continuarán durante los próximos gobiernos.

El economista consideró que la estructura productiva que funcionó bajo reglas de protección no necesariamente será viable con mayor competencia. "Ahora pensar que esa estructura productiva que estaba adaptada a sobrevivir en la normalidad va a ser exactamente la misma que la que va a ser viable en la normalidad. Eso es imposible. O sea, no existe", sostuvo.

Abraham destacó que algunos sectores podrían expandirse, especialmente los servicios, que definió como un segmento "muy subdesarrollado en la Argentina" y con capacidad para absorber mano de obra. Explicó que el empobrecimiento de los hogares reduce el gasto en bienes y servicios prescindibles, mientras que una eventual recuperación de los ingresos podría ampliar la demanda en esas actividades.

Al mismo tiempo, afirmó que habrá empresas y trabajadores que deberán reconvertirse. Cuestionó los sectores que, según su análisis, crecieron al amparo de restricciones a las importaciones y obtuvieron una "ganancia artificial grande". En esos casos, sostuvo, la protección permitió vender productos más caros y de menor calidad que los disponibles en el exterior.

"La verdad no es justo que los argentinos sigamos pagando tres, cuatro veces las cosas de lo que valen afuera", afirmó Abraham. A su juicio, las empresas que permanezcan en esos segmentos deberán invertir para mejorar su productividad y competir, mientras que otras podrían dejar de ser viables.

El economista identificó a la legislación laboral como uno de los obstáculos para el traslado de trabajadores entre sectores. Aunque reconoció que se introdujeron algunos cambios, sostuvo que el sistema todavía funciona como un límite a la movilidad: "Antes era un embudo que no dejaba pasar a los trabajadores de un sector a otro. Hoy es un embudo nada más que con un agujero más grande como para que pasen más".

En el corto plazo, Abraham describió una economía con menor dinamismo. "La economía hoy no está siendo dinámica", afirmó, y vinculó la pérdida de impulso con la caída del consumo y la inversión en un contexto de incertidumbre y menor financiamiento externo.

También sostuvo que el aumento de la incertidumbre internacional redujo el ingreso de capitales hacia los países considerados de mayor riesgo, entre ellos la Argentina. Según explicó, la interrupción de ese financiamiento debilitó la demanda interna: "Nosotros necesitamos esa inversión en el país" para construir el nuevo aparato productivo.

Abraham cuestionó, además, una compra acelerada de divisas por parte del Banco Central en un momento de menor ingreso de capitales. Consideró que era necesario aumentar las reservas, pero no hacerlo a un ritmo de "3.000 millones de dólares por mes o más" si esa estrategia retiraba financiamiento de la economía. Según su lectura, una compra más moderada de dólares podría dejar recursos para una recuperación durante el segundo semestre.

Finalmente, rechazó una devaluación como vía para impulsar la actividad y vinculó la pérdida de poder adquisitivo con el deterioro social. "¿Qué es lo que más empobrece una sociedad? Y eso ya lo sabemos, lo hemos sufrido 1 veces, la inflación", afirmó. También sostuvo que una política monetaria orientada a preservar el valor de la moneda debe acompañar la demanda de pesos y evitar que la emisión financie los desequilibrios del Estado.