Javier Milei ratificó ante su gabinete que mantendrá el rigor fiscal y que el superávit seguirá siendo el principal ancla de la política económica, pese a las discusiones internas sobre la necesidad de estimular la actividad.

Según lo informado durante la reunión, el Presidente sostuvo que no aflojará con el orden de las cuentas públicas ni con el esquema de ajuste. La definición se produjo mientras algunos sectores plantean que la economía necesita una política menos restrictiva para recuperar dinamismo.

La comparación entre las proyecciones presupuestarias y los datos actuales muestra una brecha significativa en las principales variables. El Presupuesto presentado un año atrás había estimado una inflación del 10% para 2026, pero el acumulado hasta agosto llegó al 22% y la previsión mencionada para el cierre del año es del 30%.

Para el crecimiento económico, la pauta presupuestaria había contemplado una expansión del 5% del PBI. Las proyecciones de consultoras citadas durante el análisis ubican ahora el crecimiento esperado en 2,2%, mientras que el Gobierno apuntaría a una cifra de al menos 3% para el próximo período.

El tipo de cambio también quedó por encima de la pauta original: el presupuesto había proyectado un dólar de $1.426 para el cierre del año, frente a una cotización actual cercana a $1.515 y una posible finalización en torno a $1.600 o algo más. Para el próximo presupuesto, la estimación oficial buscaría mantenerlo por debajo de $1.800.

En materia fiscal, en cambio, el Gobierno espera sostener un superávit total equivalente al 1,5% del producto después del pago de intereses de la deuda. Esa meta fue presentada como la columna vertebral de la estrategia económica.

“Es el ancla total absoluta del gobierno”, se afirmó al describir el resultado fiscal. Más tarde, durante la reunión de gabinete, Milei habría insistido en que seguirá “atado al mástil” del superávit y que no modificará el rumbo ante los pedidos de flexibilización.

La discusión interna combina el reclamo por una economía más expansiva con el temor a que una relajación fiscal o monetaria frene la baja de la inflación. En ese sentido, la estrategia oficial prioriza consolidar la estabilidad de precios aun cuando el crecimiento sea moderado y existan sectores rezagados en ingresos y poder adquisitivo.

El análisis también señaló que la expansión actual está impulsada principalmente por sectores vinculados con la energía y la minería, mientras que otras actividades enfrentan un desempeño más débil. Esa divergencia alimenta el debate sobre quiénes se benefician del crecimiento y qué sectores soportan el costo del ajuste.

Durante la reunión, el Presidente les habría pedido a sus funcionarios: “No dejen psicopatearse por el estatus quo”. La frase fue interpretada como un rechazo a las presiones para permitir una mayor depreciación del peso o tolerar una inflación más alta con el objetivo de acelerar la actividad.