El consumo masivo retrocedió en agosto y expuso una tensión entre la evolución de la actividad cotidiana y las proyecciones incluidas por el Gobierno en el Presupuesto 2027. Según el relevamiento citado durante el análisis, el consumo cayó 1,2% frente a julio y 0,6% en la comparación interanual.
La contracción se contrapone con la referencia oficial al crecimiento del consumo privado dentro del producto interno bruto. Ese indicador incluye rubros que no necesariamente reflejan el gasto de los hogares en bienes básicos, como los automóviles de alta gama, los servicios y el turismo internacional.
La diferencia entre ambos enfoques también aparece en la actividad vinculada con la recreación y el turismo, que mostró caídas tanto interanuales como acumuladas. La gastronomía figura entre los sectores más afectados, mientras que la venta de entradas en la zona de la avenida Corrientes habría descendido entre 12% y 15%, según datos mencionados durante el programa.
El desempeño sectorial, sin embargo, no es homogéneo. La venta de motos fue señalada como uno de los segmentos que mantienen un fuerte dinamismo, aunque no forma parte del consumo masivo. La dispersión entre actividades dificulta utilizar una imagen puntual de la calle o de un centro comercial como representación del conjunto de la economía.
Entre los factores que explican la debilidad del consumo fueron mencionados el estancamiento del empleo, la pérdida de poder adquisitivo durante la primera mitad del año y la falta de expansión del crédito privado. También se señaló que el turismo internacional perdió peso en la demanda de teatros y otros servicios, en un contexto en el que Argentina dejó de ser tan barata para los visitantes extranjeros.
Las dudas se trasladan a las metas oficiales. El proyecto presupuestario contempla un crecimiento del 3% para 2026 y del 4% para 2027, mientras que el consenso de los analistas citado en el análisis ubica la expansión de 2026 en torno al 2,1%. El Gobierno, además, habría reducido su proyección previa para este año, que había sido del 5%.
En materia de inflación, el Presupuesto prevé una variación del 29% para 2026 y del 18% para 2027. Las estimaciones de mercado mencionadas se ubican cerca del 30% o 32% para 2026 y entre 20% y 22% para 2027. La diferencia entre las cifras oficiales y las privadas constituye uno de los principales puntos de discusión sobre la capacidad de recuperación del ingreso.
El Gobierno también proyecta que el salario medio aumentará 25,4% en 2027. La comparación directa con una inflación del 18% puede sugerir una mejora real, aunque durante el análisis se advirtió que el índice salarial es un promedio anual y la inflación oficial está expresada punta a punta. Bajo esa metodología, la mejora efectiva sería considerablemente menor.
El escenario oficial se completa con un tipo de cambio de alrededor de $1.600 para 2026 y una suba nominal del 15,5% durante 2027, por debajo de la inflación proyectada. Esa combinación implicaría una apreciación real del peso y mantiene el debate sobre la competitividad de sectores industriales, especialmente en un contexto de apertura comercial e impuestos que todavía no fueron modificados, según lo señalado.
El Presupuesto sostiene además la meta de superávit fiscal por cuarto año consecutivo. La continuidad del ancla fiscal convive con una economía que muestra señales de enfriamiento y con sectores que enfrentan costos crecientes, menor demanda y dificultades para competir. La consistencia entre esas metas y la evolución del consumo será uno de los principales desafíos para el programa económico durante 2027.



