La falta de trabajo y los bajos salarios se ubicaron entre las principales preocupaciones de los argentinos, según una encuesta de la Universidad de San Andrés presentada durante un análisis sobre la situación económica y el impacto social del proceso de estabilización.
El 39% de los encuestados señaló la falta de trabajo como uno de los problemas que más afectan al país, mientras que el 36% mencionó los bajos salarios. La corrupción y la pobreza reunieron un 29% de las respuestas, y la inseguridad alcanzó el 27%.
El relevamiento también reflejó las dificultades de los hogares para sostener sus gastos. El 40% afirmó que logra cubrir los gastos del mes, pero sin capacidad de ahorro, mientras que el 37% indicó que sus ingresos no alcanzan.
Además, el 19% de los consultados dijo que debe endeudarse para afrontar sus gastos y el 18% que utiliza sus ahorros. En el otro extremo, el 16% afirmó que cubre sus gastos y, además, puede ahorrar.
La presentación vinculó estos resultados con el aumento del costo de los servicios públicos, luego de la reducción de subsidios, y con las dudas sobre la evolución del empleo y los ingresos. La inflación, en cambio, habría perdido posiciones dentro del ranking de preocupaciones, aunque el análisis sostuvo que el poder adquisitivo continúa bajo presión.
La discusión también incluyó el impacto de la apertura de la economía sobre las empresas. Entre los obstáculos mencionados figuraron la carga tributaria, el costo del financiamiento y una logística encarecida por las deficiencias de infraestructura.
En ese marco, Patricia Bullrich defendió el proceso de estabilización y advirtió sobre el costo social de las reformas. “Los procesos de estabilización son procesos muy difíciles donde de golpe el dolor del proceso de estabilización genera un miedo social”, afirmó.
La dirigente agregó que el desafío consiste en equilibrar el costo de las transformaciones con la necesidad de modificar una dinámica que, según su planteo, había llevado al país a ser “cada día” más pobre.
El análisis señaló que la persistencia del respaldo al Gobierno convive con el deterioro de algunos indicadores cotidianos, como el endeudamiento, el cierre de fábricas y comercios, el desempleo y la dificultad de muchos hogares para llegar a mediados de mes.
También se anticipó que la evolución del producto, el consumo, los salarios y la pobreza concentraría la discusión económica en los días siguientes. Sobre el presupuesto, se mencionó que el Gobierno proyectaría una inflación del 21% y un aumento de los salarios del 25% para el año siguiente, aunque se remarcó que esas previsiones todavía deben implementarse.



