Banco Ciudad anunció una tasa mínima de 6,5% más UVA para determinados créditos hipotecarios destinados a primera vivienda. La oferta se convirtió en la más baja mencionada hasta ahora dentro de la nueva competencia entre bancos.

La tasa no se aplica de manera general a todos los solicitantes. Entre las condiciones previstas figuran que se trate de la primera vivienda y que el cliente tenga su cuenta sueldo en la entidad. También se contemplan requisitos vinculados con los ingresos y el valor de la propiedad.

El esquema de financiamiento utiliza créditos ajustados por UVA, por lo que el capital y las cuotas evolucionan de acuerdo con la inflación, más una tasa de interés. Para el producto con la tasa más baja, el ingreso neto conjunto del solicitante y su pareja debe alcanzar aproximadamente los $2,6 millones, con una cuota estimada en $650.000 y un plazo de hasta 25 años.

La expansión de la oferta se produjo después de una licitación del Fondo de Garantía y Sustentabilidad a través del Banco Central. El mecanismo establece una tasa máxima de 7,5% más UVA para las entidades participantes, aunque los bancos pueden ofrecer tasas inferiores. En la primera licitación participaron 13 bancos y el programa prevé diez licitaciones.

Antes del anuncio del Banco Ciudad, el Banco Nación ofrecía una tasa de 6,7% más UVA, mientras que ICBC tenía una propuesta de 6,9% más UVA. Otras entidades, entre ellas Macro, Supervielle, los bancos del grupo Petersen, bancos provinciales y Credicoop, habían reducido sus tasas hasta ubicarlas en torno al 7,5%.

Además de la competencia en tasas, algunos bancos comenzaron a ofrecer una cláusula vinculada con el coeficiente salarial. El cliente puede pagar un punto porcentual adicional —por ejemplo, pasar de una tasa de 7,5% a una de 8,5%— para que, en determinadas circunstancias, la evolución del salario limite el ajuste de la cuota si la inflación supera ampliamente a los ingresos.

El financiamiento puede cubrir hasta el 75% del valor de la propiedad, aunque algunas entidades llegan al 80%. La diferencia que debe aportar el comprador se suma a los costos de la operación: se mencionaron gastos de escribanía y escritura cercanos al 13%, además de una comisión inmobiliaria de alrededor del 5%. Por eso, la proporción de efectivo necesaria puede acercarse al 38% del valor del inmueble.

Con esas restricciones, el impacto inicial se concentraría en el mercado de viviendas usadas, así como en operaciones de refacción y ampliación. La disponibilidad de crédito para refaccionar podría impulsar parcialmente a la construcción, una actividad que viene atravesando una caída y que tiene una alta incidencia sobre el empleo.

La primera licitación habría contemplado recursos equivalentes a unos US$1.300 millones, aunque el número final de créditos depende del monto promedio de cada operación. Las estimaciones mencionadas ubican el alcance inicial entre aproximadamente 13.000 y 18.000 créditos, mientras que la primera ronda habría estado orientada a unos 1.000 préstamos.

La nueva oferta reabre el debate sobre los riesgos de los créditos UVA. El ajuste por inflación puede mantener una cuota inicialmente inferior a la de un alquiler, pero expone al deudor a una suba nominal sostenida si los precios avanzan por encima de los salarios. La posibilidad de vender el inmueble para cancelar la deuda depende, además, de que exista suficiente liquidez en el mercado inmobiliario.