La Kilo, un emprendimiento de ropa vintage ubicado en San Telmo, consolidó un modelo de venta en el que los clientes eligen las prendas y pagan según su peso, en lugar de abonar un precio individual por cada artículo.
El negocio funciona desde hace tres años y combina la atención en un local físico con una tienda online. En el local de Estados Unidos 657 no existe una compra mínima, mientras que la página web establece un piso de $49.500 para los pedidos con envío a todo el país.
La propuesta está organizada en tres categorías de precios. La más económica cuesta $29.500 por kilo e incluye, según la explicación del emprendimiento, entre cinco y siete prendas. Una pollera de esa categoría puede costar $3.980, de acuerdo con el pesaje realizado en el local.
Las categorías más caras reúnen prendas vintage de mayor calidad, piezas de seda y artículos de diseñador. En una de las combinaciones mostradas, que incluía prendas masculinas y femeninas, una selección de artículos de las categorías A y B alcanzó un valor aproximado de $122.000.
El esquema también se aplica a conjuntos completos. Un pantalón y una remera de la categoría C fueron valuados en $12.900; un blazer vintage de la categoría B sumó $23.000 y unas botas de la categoría C, otros $22.000. El conjunto total llegó a $57.800.
La venta por peso busca ofrecer una experiencia distinta a la de una tienda tradicional. “La gente viene, compra por kilo, pero puede elegir lo que va, no es que se tiene que llevar el fardo entero”, explicó la dueña del emprendimiento.
El abastecimiento combina distintas fuentes. La Kilo recibe prendas de clientes que quieren vender ropa que ya no utilizan, compra remanentes a fábricas y realiza rescates a domicilio de piezas vintage que permanecen en placares particulares.
El emprendimiento presenta esa operatoria como una modalidad circular: quienes compran también pueden desprenderse de prendas en perfectas condiciones para que vuelvan al mercado. La selección se realiza con turno y se rechazan los artículos que no cumplen con los criterios del negocio.
La estrategia comercial se adaptó a un consumidor más sensible al precio. “Hoy creo que el éxito es no fundir”, señaló la dueña, que describió como prioridades sostener la operación, innovar, cuidar los costos y evitar aumentos.
En ese marco, La Kilo redujo el precio de su categoría más barata desde $49.000 a $29.500 por kilo y eliminó la compra mínima en el local. “Vos venís y te comprás esa pollera que te mostré de 3.800 pesos y te llevaste eso nada más”, resumió la responsable del emprendimiento.



