Donald Trump volvió a cuestionar la política monetaria de la Reserva Federal y sostuvo que la tasa de interés debería ubicarse en el 1% o menos, en medio de un nuevo aumento decidido por el banco central estadounidense.
La suba marcó el regreso de un endurecimiento de la política monetaria después de tres años. La decisión fue presentada como una respuesta a la persistencia de la inflación y a las presiones generadas por el conflicto con Irán.
Según el análisis difundido, Trump venía reclamando desde el año pasado una reducción más rápida de las tasas. La Reserva Federal había optado por recortes moderados, de un cuarto de punto, seguidos por períodos de estabilidad.
El mandatario cuestionó la decisión pese a que había designado a Kevin Worsh para conducir la Reserva Federal. La explicación planteada fue que una crítica directa al funcionario recientemente elegido podía ser interpretada como una señal de debilidad política.
La disputa volvió a poner el foco en la independencia del banco central estadounidense. La decisión sobre la tasa no depende exclusivamente de su presidente, sino de la junta de gobernadores que define la orientación de la política monetaria.
El argumento de la Reserva Federal es que una inflación elevada durante un período prolongado exige mantener una política más restrictiva, incluso a costa de moderar el ritmo de la actividad económica. Una reducción acelerada del costo del crédito podría recalentar la demanda y sumar presión sobre los precios.
Los movimientos de la Fed tienen efectos globales porque modifican el rendimiento de los activos considerados más seguros. Cuando aumenta el retorno de los bonos del Tesoro estadounidense, parte de los fondos puede desplazarse desde otros mercados hacia esos instrumentos, alterando los flujos de inversión y las cotizaciones financieras.
Para las economías emergentes, un escenario de tasas estadounidenses más altas puede encarecer el financiamiento externo y aumentar la competencia por el capital internacional. El efecto alcanza también a los mercados vinculados con la Argentina, aunque la magnitud depende de sus propias condiciones fiscales, monetarias y de riesgo.



