La educación argentina enfrenta un deterioro estructural en los aprendizajes: siete de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel básico en matemática y apenas el 24% logra ese umbral, según los datos de las pruebas PISA 2025 presentados en septiembre de 2026.
El desempeño del país quedó por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas evaluadas. Argentina obtuvo 367 puntos en matemática, 396 en lectura y 393 en ciencias, frente a promedios de 463, 472 y 482 puntos, respectivamente.
La brecha también alcanza a la lectura. Solo el 40% de los estudiantes argentinos logró acceder al nivel básico de desempeño. Los resultados, además, vienen cayendo desde 2022, mientras que la comparación entre las pruebas PISA de 2018 y 2022 sugiere que la pandemia no explica por completo el problema.
“El problema es estructural y viene de hace mucho tiempo”, sostuvo Rochi Grimaldi al analizar la evolución de los resultados. La virtualidad, de acuerdo con lo expuesto, profundizó la deserción, la desmotivación y la desconexión de alumnos que en algunos casos no regresaron a la escuela.
El sistema educativo está descentralizado: las provincias financian en promedio el 75% del presupuesto y la Nación aporta el 25%. Las jurisdicciones provinciales y la Ciudad de Buenos Aires administran la mayor parte de las escuelas, pagan una proporción significativa de los salarios y tienen sus propios sistemas educativos.
La estructura de financiamiento presenta fuertes diferencias regionales. Los fondos nacionales representan el 53% del gasto educativo provincial en Santiago del Estero, mientras que en algunas provincias patagónicas explican apenas entre el 11% y el 15%, según los datos difundidos.
El 90% del presupuesto educativo provincial se destina a salarios y solo tres pesos de cada 100 se asignan, en promedio, a infraestructura escolar. La inversión educativa nacional pasó del 1,48% del PIB en 2023 al 0,86% en 2024, al 0,73% en 2025 y al 0,75% en 2026, siempre de acuerdo con las cifras presentadas.
La caída del financiamiento no se traduce necesariamente en mejores resultados por alumno. “No es solamente cuánta plata se invierte, sino también cómo se gestiona”, remarcó Grimaldi, quien señaló que los países de la OCDE invierten casi tres veces más por estudiante que la Argentina.
El deterioro educativo tiene una consecuencia directa sobre el mercado laboral. Siete de cada diez personas que no terminaron el secundario tienen un empleo informal y perciben menos de un millón de pesos, frente al 17,4% de informalidad entre quienes completaron una carrera universitaria, según los datos expuestos.
La radiografía también muestra que uno de cada cuatro jóvenes argentinos no terminó la secundaria. Entre los jóvenes y adolescentes en situación de pobreza, la proporción asciende a cuatro de cada diez, mientras que en el 20% más rico de la población alcanza a uno de cada diez.



