El precio internacional del petróleo aumentó 50% desde mediados de febrero, según el relevamiento presentado en el programa, y la suba comenzó a trasladarse a los mercados de combustibles de todo el mundo. La escalada se produjo en un contexto marcado por la guerra en Oriente Medio, las restricciones que afectan las exportaciones de Rusia y la continuidad de los bloqueos internacionales.

El precio promedio de la nafta registró un incremento del 23%, mientras que el diésel avanzó 35%. La diferencia entre ambos productos refleja que el valor del crudo no es la única variable que define el precio final: también influyen la disponibilidad de stocks, los costos de abastecimiento, los impuestos y el esquema regulatorio vigente en cada país.

Estados Unidos aparece entre los países con mayores aumentos, pese a ser uno de los principales productores globales de petróleo. Allí, la nafta llegó a subir hasta 49%, en línea con un esquema que traslada con mayor rapidez las variaciones del mercado internacional a los consumidores.

Noruega, otro productor relevante, también registró un aumento superior al 50%. En Europa, prácticamente todos los países relevados mostraron incrementos de al menos 20%, una evolución que amplifica la presión sobre el transporte, la logística y los costos de producción.

Argentina se ubicó cerca del promedio mundial, con una suba en torno al 20% y algo más. El comportamiento local está condicionado por una regulación parcial y por la posición dominante de YPF, que tiene capacidad para moderar y administrar el traslado de los precios internacionales al mercado interno.

Brasil y Colombia, ambos productores de petróleo, aplicaron decisiones que limitaron el impacto sobre los consumidores. En Brasil, el aumento se mantuvo por debajo del 10%, debido a una política orientada a absorber parte del shock externo en lugar de trasladarlo completamente a los precios finales.

En el extremo opuesto, Guatemala registró un incremento superior al 50% y enfrenta protestas por el encarecimiento del combustible. Pakistán también alcanzó una suba del 51%, mientras que Filipinas y Siria presentaron aumentos cercanos o superiores al 50%, acompañados por una fuerte conflictividad social.

Irán atraviesa una situación especialmente crítica, con aumentos, desabastecimiento y dificultades asociadas al bloqueo impuesto por Estados Unidos. Afganistán también registró protestas, en un escenario en el que la menor disponibilidad de combustible amenaza con trasladar el impacto a toda la economía.

La persistencia del conflicto y la falta de stocks en distintos mercados mantienen abierta la posibilidad de nuevas subas. La evolución dependerá de la duración de los bloqueos, de la capacidad de los países para asegurar el abastecimiento y de cuánto del aumento internacional decidan trasladar los gobiernos y las empresas a los consumidores.