Ucrania llevó a cabo el mayor ataque con drones sobre Moscú desde el inicio de la invasión rusa, según la información difundida por fuentes ucranianas. El operativo se produjo mientras Rusia terminaba de contar los votos de sus elecciones legislativas de medio término.
De acuerdo con esos reportes, fueron lanzados al menos 1.600 drones contra distintos puntos del territorio ruso, de los cuales unos 450 tuvieron como objetivo directo la capital. El ataque provocó incendios en refinerías ubicadas en las cercanías de Moscú.
La ofensiva representa una nueva escalada en el uso de drones contra infraestructura situada en el interior de Rusia. El material no precisa el alcance de los daños en las plantas afectadas ni si se produjeron interrupciones relevantes en la producción o el abastecimiento de combustibles.
El ataque coincidió con la celebración y el conteo de los votos de las elecciones legislativas de medio término. El partido Rusia Unida, del presidente Vladimir Putin, obtuvo el 57% de los votos, mientras que el Partido Comunista quedó en segundo lugar.
La cobertura señaló que no fueron habilitados partidos opositores considerados reales y presentó los comicios como un intento del Kremlin de exhibir respaldo popular a su conducción y a la guerra. El resultado, por lo tanto, quedó condicionado por un proceso electoral con competencia política restringida.
La ofensiva también se inscribe en una creciente preocupación europea por posibles ataques híbridos rusos. Se mencionaron incursiones o detecciones de drones en Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Moldavia y Alemania, aunque en varios casos no quedó establecido si se trató de acciones deliberadas o de incidentes accidentales.
Una de las hipótesis planteadas es que Moscú busque poner a prueba la capacidad de respuesta de la OTAN sin avanzar, por ahora, hacia una confrontación abierta. El enclave ruso de Kaliningrado aparece como un punto estratégico por su proximidad a Polonia y Lituania, ambos miembros de la alianza atlántica.
La posibilidad de una incursión limitada desde Bielorrusia para abrir un corredor hacia Kaliningrado fue presentada como un escenario de máxima tensión, no como una decisión ya adoptada por Putin. La evaluación central es que Rusia intentaría evitar una guerra mundial, pero al mismo tiempo mostraría si la OTAN responde frente a ataques de baja intensidad.
El desarrollo de las próximas semanas estará condicionado por la evolución de los ataques con drones, la reacción de los países de la OTAN y las reuniones previstas en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas.



