El S&P Merval retrocedió 0,76% en la rueda del lunes y cerró en 2.998.955,82 puntos, por debajo de la barrera psicológica de los 3 millones. Fue la segunda caída consecutiva del índice, aunque el mercado accionario todavía acumula una suba cercana al 65% interanual. La baja, por ahora, se parece más a una pausa dentro de una tendencia positiva que a un cambio de régimen.

El principal lastre fue YPF, que perdió 3% con un volumen negociado de US$19 millones. La petrolera controlada por el Estado tiene una ponderación relevante en el índice, por lo que su retroceso explicó buena parte del movimiento general. Central Puerto también cayó, 2,4%, mientras que Transportadora de Gas del Norte avanzó 3% y Telecom Argentina ganó 2,7%.

El peso cerró prácticamente estable en 1.514 por dólar, pero ese valor coincide con el extremo más débil de su rango de 52 semanas, que va de 1.348 a 1.514. La estabilidad diaria no elimina la presión acumulada: mantener el tipo de cambio sin una mejora paralela en la percepción de riesgo deja a importadores y deudores expuestos a un dólar que ya se encuentra en el límite superior del período.

El riesgo país subió a 533 puntos básicos, su nivel más alto en varias semanas. La combinación de acciones en baja y un mayor diferencial exigido a la deuda argentina revela una demanda concreta del mercado: antes de ampliar posiciones, los inversores quieren señales verificables sobre la continuidad de la política económica y la capacidad de sostener el servicio de la deuda.

La llegada de una misión del Fondo Monetario Internacional a Buenos Aires concentró la atención financiera. El equipo mantuvo reuniones en el Banco Central, mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, se encontraba en Nueva York en encuentros con inversores. La jornada no dejó novedades de reformas ni indicios nuevos sobre un desembolso o una extensión del programa capaces de renovar el impulso de los activos argentinos.

El mercado quedó así a la espera de resultados concretos, no solo de anuncios. La apuesta por la desregulación y la disciplina fiscal necesita traducirse en avances que reduzcan la incertidumbre y el costo de financiamiento. Mientras esas señales no aparecen, el capital tiende a privilegiar compañías con ingresos más previsibles, como reflejó la suba de Transportadora de Gas del Norte y Telecom Argentina frente a la debilidad de YPF y Central Puerto.

El contexto externo ofreció un alivio limitado. La soja subió 2%, una mejora relevante para un país exportador que puede obtener mayores ingresos en dólares, pero ese movimiento no alcanzó para revertir el tono cauteloso de la plaza local. En la comparación regional, el Ibovespa brasileño avanzó 0,74% y el COLCAP colombiano ganó 0,68%, mientras que el IPC mexicano cayó 0,38% y el IPSA chileno bajó 0,21%. Argentina fue el mercado más débil entre los principales índices latinoamericanos incluidos en la comparación.

El nivel de 3 millones quedó como referencia inmediata para el Merval. Recuperarlo podría atraer compras de corto plazo; permanecer por debajo puede alentar nuevas tomas de ganancias. En los bancos, que casi no se movieron durante la sesión —Grupo Galicia perdió 0,3%—, la eventual aparición de señales favorables en las negociaciones con el FMI podría concentrar el próximo rebote. Hasta entonces, el riesgo país y el comportamiento del peso seguirán funcionando como el filtro principal para medir cuánto crédito conserva la estrategia económica.