El presidente Javier Milei defendió al capitalismo como el sistema capaz de generar prosperidad a través de la propiedad privada, la libertad y el intercambio voluntario, y sostuvo que el crédito debe estar respaldado por ahorro real. Lo hizo durante un discurso en la institución educativa Yeshiva Darchei Torah, en Nueva York, donde recibió un reconocimiento por su apoyo al pueblo judío.
En su exposición, Milei presentó la moral como un criterio central para evaluar las políticas públicas. "El óptimo político y el óptimo económico coinciden en el largo plazo con el óptimo moral. Y no solo coinciden, están subordinados a él", afirmó.
El Presidente anunció además que profundizará estas ideas en su próximo libro, titulado La moral como política de Estado. Según explicó, la obra incluirá un epílogo denominado Capitalismo, la divina maquinaria del paraíso, en el que vincula la economía con una interpretación teológica de la libertad, el trabajo y la prosperidad.
Uno de los ejes económicos del discurso fue su definición de la tasa de interés. "La tasa de interés no es el precio del dinero, sino el precio del tiempo", sostuvo Milei, al describirla como la diferencia entre el consumo presente y el consumo futuro.
En esa línea, cuestionó la expansión del crédito que no se origina en ahorro genuino. "Hacerlo de manera artificial, falsificando dinero es un peligro que puede llevarnos al infierno", afirmó. También advirtió que la manipulación de las tasas mediante crédito no respaldado por ahorro real no elimina la escasez, sino que "solo se falsifica la señal".
Para Milei, esa distorsión puede generar un período de aparente prosperidad seguido por una corrección. "Durante un tiempo parece que nos acercamos al paraíso, pero es un falso paraíso y cuando la realidad vuelve a imponerse, esa falsificación se manifiesta en ciclo económico", señaló.
El Presidente también vinculó el desarrollo económico con la protección de los derechos individuales. "El capitalismo es el sistema que Dios preparó a través de una ley para que después de la caída el trabajo continuara", expresó, y agregó que ese sistema permite "trabajar, innovar, descubrir tecnología y generar prosperidad" dentro de las limitaciones del mundo actual.
En su interpretación, la propiedad privada y los contratos voluntarios son condiciones centrales para la inversión y la producción. "Sin propiedad privada no hay mercado. Si el fruto de mi trabajo puede ser confiscado por otros, ya sea un ladrón o un estado que redistribuye por la fuerza, desaparece el incentivo a producir", afirmó.
Milei contrapuso esta visión con el comunismo y el socialismo, a los que acusó de prometer una prosperidad inmediata mediante la expansión del Estado y la redistribución forzada. "La promesa de la plenitud de la noche a la mañana es precisamente la promesa de la serpiente", sostuvo, y concluyó que la elección entre ambos modelos "no es política, es moral".



