El economista y exministro de Hacienda de Chile Felipe Larraín destacó el programa de estabilización implementado por el gobierno de Javier Milei, aunque advirtió que el desafío central será consolidar el ajuste fiscal y acelerar el crecimiento económico.

“Cuando llegó el presidente Milei al poder, la inflación estaba alrededor del 160% y hoy día está del orden del 30, un poco por sobre el 30%”, afirmó Larraín. Según su evaluación, la desinflación y la recuperación de la actividad constituyen avances relevantes, aunque todavía no implican que el proceso esté concluido.

El economista sostuvo que el ajuste fiscal argentino fue “fuertísimo” y que alcanzó aproximadamente cinco puntos del producto bruto interno en un período muy breve. “Conozco pocos casos de un ajuste de alrededor de cinco puntos del PIB en un periodo tan corto de tiempo”, señaló.

Para Larraín, el crecimiento es clave para que el superávit fiscal pueda sostenerse sin aumentar la presión tributaria. Explicó que una mayor actividad permite elevar la recaudación y advirtió que subir impuestos puede terminar debilitando la base imponible: “Los aumentos de tasas tributarias, que al final no recauda mucho porque los impuestos están muy elevados y eso a la vez frena la actividad económica”.

En ese marco, recomendó estudiar la eliminación de las retenciones a las exportaciones y de los subsidios que todavía permanecen en la Argentina. “Las retenciones, que es una locura las retenciones. Yo recomendaría eliminarlo”, afirmó, aunque aclaró que se trataba de una sugerencia y que no pretendía formular una recomendación cerrada sin conocer en profundidad la economía argentina.

También planteó avanzar, una vez superada la primera etapa de estabilización, hacia una mayor liberalización cambiaria y de los movimientos de capitales. “Si es así, yo creo que tal vez sostener el tipo de cambio interviniendo creo que es para una primera etapa, pero después hay que liberalizar, tal vez eliminar controles en la cuenta de capitales para que tengamos movimientos de capitales más libres”, sostuvo.

La principal propuesta de Larraín fue dotar al programa de una institucionalidad fiscal que reduzca la dependencia de las decisiones de un ministro o de un gobierno en particular. “No solamente confiar en la idoneidad de las personas que están dirigiendo la política, sino crear instituciones fiscales”, afirmó.

Entre los instrumentos que mencionó figuran una regla fiscal contracíclica, un consejo fiscal autónomo con integrantes independientes, un fondo soberano y un plan fiscal de mediano y largo plazo. A su entender, estas herramientas permitirían ahorrar en los períodos de expansión y utilizar esos recursos durante las fases de menor actividad, sin depender exclusivamente del acceso a los mercados internacionales.

“Un país que tiene estos cuatro elementos le da mucha confianza a los inversionistas extranjeros porque dice la política fiscal no solo depende de tener un buen ministro sino que aquí hay una institucionalidad”, explicó el exministro chileno.

Larraín también vinculó la evolución argentina con las oportunidades de integración regional. Mencionó el corredor bioceánico entre Brasil, Argentina y Chile, una mayor integración logística y energética, y el potencial de Vaca Muerta como fuente de abastecimiento para la región. “A ustedes les conviene que le vaya bien a Chile y a Chile le conviene que le vaya bien a Argentina”, concluyó.