Icona desarrolló en la Ciudad de Buenos Aires dos experiencias para vincular la asistencia social con el empleo formal. Según explicó su integrante, la abogada María Neto, el objetivo fue acompañar a personas en situación de calle hasta su incorporación y permanencia en el sector privado.
El primer programa, denominado Proyecto Matías, se realizó durante 2024 con 20 personas que fueron capacitadas y vinculadas con empresas privadas durante 60 días. “Hoy 16 de esas personas siguen sosteniendo el empleo que consiguieron en ese año”, afirmó Neto.
Durante 2025, la organización amplió la experiencia mediante la Agencia Integradora de Empleo. El programa alcanzó a 120 personas y, de acuerdo con Neto, el 65% todavía sostiene el trabajo conseguido. La iniciativa se financió con recursos privados y buscó reducir el costo por participante para poder replicar el modelo.
“Nosotros lo que hicimos es un modelo”, señaló la abogada. La propuesta consiste en articularse con organizaciones que brindan asistencia primaria y ocuparse de “esa última milla que es la inserción laboral genuina en el sector privado”. El acompañamiento se organiza en grupos de 30 personas y se ajusta a partir de cada experiencia.
La organización trabaja con empresas que ofrecen puestos con salario de convenio, aportes y alta en ARCA. Neto sostuvo que la capacitación técnica específica suele quedar a cargo de los empleadores, mientras que el programa se concentra en hábitos laborales, seguimiento y habilidades vinculadas con la adaptación al empleo.
“Las empresas nos respondieron con trabajo genuino, salario de convenio y alta de arca”, destacó. Para la abogada, ese tipo de inserción debería ser uno de los principales indicadores de los programas de empleo público: “A mí me importa que me digas cuánta gente deja de necesitar eso”.
El programa dura 180 días e incluye tutores que acompañan a cada participante durante cinco meses. Neto explicó que la medición de resultados se concentró en quienes lograron insertarse y sostener el empleo, sin contabilizar como éxito a quienes solo atravesaron una experiencia positiva pero no mantuvieron el puesto.
“El 87% de nuestra prueba da que la inserción la logran”, afirmó Neto, aunque aclaró que la principal dificultad posterior es el sostenimiento, asociado a la pérdida de hábitos y cultura del trabajo. En el caso del Proyecto Matías, mencionó a Iván Falero, quien pasó de realizar changas como bachero a trabajar en Lenor, una empresa de certificaciones industriales.
La abogada planteó que el Estado debería complementar la asistencia básica con capacitación, seguimiento y vínculos con empleadores. “Lo que tiene que hacer, ya que tiene el músculo de poder ser la gran vidriera, es vincular con política social aplicada al empleo, al sector privado y sobre todo también alivianarlo en la carga impositiva para que pueda dar trabajo y oportunidades a estas personas”, sostuvo.
Neto también cuestionó que la política social se evalúe por la cantidad de transferencias o servicios entregados y propuso enfocarla en la salida de la dependencia. “El 70% del parador debería ser capacitación y salida laboral”, dijo, y consideró que la asistencia primaria —comida, ducha y techo— debe funcionar como un puente hacia el empleo, no como una solución permanente.



