El riesgo país argentino trepó hasta los 611 puntos y acumuló un aumento superior al 30% desde comienzos de julio, cuando se ubicaba en torno de los 403 puntos. La suba encareció el financiamiento externo y volvió a poner el foco sobre la capacidad del Gobierno para refinanciar sus vencimientos.
De acuerdo con el análisis financiero presentado, la tasa de los bonos del Tesoro de Estados Unidos funciona como piso para el costo de endeudamiento argentino. El rendimiento de esos títulos se ubicó alrededor del 5%, mientras que el deterioro de los bonos estadounidenses llevó sus tasas a niveles máximos de casi dos décadas.
Con un riesgo país de 611 puntos, Argentina debería pagar entre 11% y 12% anual para emitir deuda en dólares a más de un año. El salto se produce después de que el Gobierno evitara colocar nuevos bonos cuando el costo de financiamiento era aproximadamente seis puntos menor.
La presión resulta relevante porque el país deberá refinanciar más de US$20.000 millones durante el próximo año. A las tasas actuales, el acceso al mercado aparece como una alternativa muy costosa y alimenta las dudas sobre el origen de los dólares necesarios para pagar cupones y capital a medida que venzan los títulos.
El ministro de Economía, Luis Caputo, había señalado que la Argentina estaba cubierta en sus necesidades financieras. Sin embargo, el esquema presentado en abril para los años siguientes incluía compromisos que dependían, en parte, de la refinanciación a través de los mercados de bonos.
La tensión financiera se combina con señales de menor dinamismo interno. El análisis mencionó datos débiles de actividad y sostuvo que no aparecen indicios contundentes de una reversión en el corto plazo. También señaló caídas en las ventas de supermercados y el consumo, además de un retroceso de la inversión, excluidos los equipos de perforación.
En ese marco, el presidente Javier Milei rechazó la posibilidad de que la economía esté entrando en una recesión y afirmó: “No vemos un problema en el crecimiento. La economía lleva 27 o 28 meses creciendo de manera consecutiva”. El mandatario sostuvo que el primer año la economía se expandió 6,7% y el segundo algo más de 4%, con un crecimiento acumulado cercano al 11% en los dos primeros años.
Milei también cuestionó la lectura de los indicadores desestacionalizados y defendió la tendencia ciclo del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). Según su explicación, los cambios estructurales de la economía reducen la relevancia de los ponderadores históricos y generan movimientos inestables en las series ajustadas.
El contrapunto es que, aunque la tendencia ciclo del EMAE mostraría una expansión mensual de 0,2% durante casi 20 meses, la actividad enfrenta debilidad en sectores como la industria, el comercio y la construcción. El desempeño del petróleo, la minería y el agro no alcanza por sí solo para compensar el peso de esas actividades en el conjunto de la economía.
Para los mercados, la evolución financiera también quedó vinculada al escenario electoral. La combinación de un mayor costo de refinanciación, dudas sobre el crecimiento y necesidades de deuda mantendrá bajo observación la capacidad del Gobierno para sostener el equilibrio fiscal y recuperar el acceso voluntario al crédito.



