La producción de petróleo en la Argentina alcanzó un récord histórico de 916.000 barriles diarios y el crudo pasó a ocupar el primer lugar entre los productos de exportación del país, por encima de la soja.

Vaca Muerta explica buena parte de este avance: siete de cada diez barriles producidos en la Argentina provienen del yacimiento no convencional de Neuquén. El crecimiento de la formación sumó una nueva fuente de generación de divisas para una economía que durante décadas dependió principalmente de las exportaciones agropecuarias.

El aumento de las ventas externas de energía tiene una importancia que excede a las empresas petroleras. La mayor disponibilidad de dólares puede contribuir a recomponer las reservas del Banco Central y a reducir la dependencia de una única fuente de divisas, especialmente durante los años en que una sequía afecta al agro.

Los datos presentados también destacaron que el Banco Central compró US$14.000 millones durante el año, con el aporte del campo, la minería y la energía. En ese contexto, las reservas netas fueron ubicadas por encima de los US$5.000 millones, aunque todavía con un recorrido pendiente de recuperación.

La expansión energética aparece además asociada a una proyección de crecimiento de las exportaciones netas de energía y minería hacia 2030. Esa estimación no constituye un pronóstico cerrado, pero marca el potencial de Vaca Muerta y de otros sectores extractivos para ampliar la oferta de dólares de la Argentina.

El impacto también se observa en la economía regional. El empleo en Neuquén aumentó 65%, de acuerdo con el dato mencionado, aunque partía de una base menor que la de otras provincias. La actividad petrolera impulsa además servicios de transporte, hotelería, alimentación y proveedores vinculados a la cadena energética.

El desafío consiste en que ese crecimiento se traduzca en más oportunidades fuera del núcleo petrolero. La expansión de la producción puede generar demanda para empresas de servicios, profesionales y proveedores capaces de integrarse a la cadena de valor, pero su alcance dependerá de la inversión, la productividad y las condiciones para operar.

El mayor ingreso de divisas también reabrió la discusión sobre el respaldo de la moneda y el papel del Banco Central. Entre las propuestas mencionadas figura una modificación de la Carta Orgánica para limitar la capacidad de emisión y concentrar la función de la entidad en preservar el valor de la moneda y administrar las reservas.

Una mayor producción exportable puede aliviar la restricción externa, pero no reemplaza la necesidad de disciplina fiscal, reglas estables y mercados de capitales capaces de financiar nuevas inversiones. La disponibilidad de recursos energéticos mejora las condiciones, aunque el resultado final dependerá de que el sector pueda ampliar su escala y convertir ese potencial en exportaciones sostenibles.