Comer afuera en Buenos Aires puede costar desde $2.500 por una opción rápida hasta $80.000 por cubierto en un restaurante de alta gama, según los precios relevados en distintos puntos de la ciudad. La diferencia depende del tipo de comida, el tamaño de las porciones, el servicio y la experiencia buscada.
El café con medialuna aparece entre los gastos cotidianos más frecuentes: ronda los $8.500. Si se repite durante 260 días laborales, el desembolso anual llega a unos $2,21 millones. El cálculo muestra cómo un consumo diario de bajo monto puede transformarse en una partida relevante dentro del presupuesto familiar.
Para el almuerzo, una alternativa de comida al paso permite gastar menos de $10.000. En los locales relevados se encontraron viandas desde $6.000, platos de espagueti por ese valor, wok a $8.000 y distintas promociones de hamburguesas, empanadas, panchos y sándwiches.
La comida por peso se ubicó alrededor de $18.000 el kilo. Esta modalidad es utilizada especialmente por trabajadores que buscan combinar variedad y control del gasto. También se mencionó el caso de una milanesa napolitana con puré por $9.000, mientras que otros consumidores calcularon un gasto diario de entre $10.000 y $15.000 para almorzar fuera de casa.
El pancho ofrece una de las opciones más económicas para comer en la calle. En un local especializado, los precios observados fueron de $6.500 para el pancho de Viena y $7.500 para el de estilo alemán, con un gasto promedio de entre $6.500 y $8.000 por persona. En otro puesto, un pancho costaba $2.500 y, con una gaseosa, el total llegaba a $5.500.
Los comercios también describieron cambios en el perfil de sus clientes según el nivel de ventas. Un vendedor señaló: “Cuando está muy mal en general te pasa que igual vendés porque la gente se gasta cinco lucas en un pancho”. Ante una menor demanda, explicó que “deja de comprar la clase popular y te empiezas a comprar más la clase media”.
Para quienes eligen sentarse a comer, el bodegón aparece como una alternativa basada en porciones abundantes y consumo compartido. Una milanesa de $60.000 puede alcanzar para cuatro personas, de acuerdo con el relevamiento. El formato busca compensar un precio de carta más alto con platos de mayor tamaño y la posibilidad de repartir el gasto entre varios comensales.
En el segmento de bares, un cóctel fue valuado en $16.000 y un plato de crudités en $17.000. Así, un aperitivo con algo para comer podía alcanzar los $33.000. Para una salida dos veces por semana, ese consumo representaría unos $66.000 mensuales, antes de sumar otros platos o bebidas.
En el extremo más costoso del recorrido, el restaurante NES informó un gasto promedio de alrededor de $80.000 por cubierto. El valor puede variar según la selección de vinos y el menú. Desde el establecimiento explicaron que el precio también refleja la cantidad de personal, la atención y el trabajo de producción detrás de cada plato.
El relevamiento muestra una amplia dispersión de precios y formatos: desde el consumo rápido que busca resolver el almuerzo con menos de $10.000 hasta una experiencia gastronómica que supera varias veces ese monto. En todos los casos, el consumidor decide entre tiempo, cantidad, servicio, ubicación y calidad percibida, además del precio final.



