La inversión del agro argentino alcanzó los US$14.747 millones durante la campaña 2025-2026, con un aumento real del 6,2% frente al ciclo anterior, según los datos difundidos sobre el cierre de la campaña.

El monto contempla el desembolso destinado a los distintos cultivos, tanto de la campaña fina como de la gruesa. Se trata de recursos que los productores comprometen varios meses antes de recuperar la inversión y cuya rentabilidad queda expuesta a los precios, el clima y los rindes.

La superficie sembrada también marcó un máximo, con casi 40 millones de hectáreas en el conjunto del país. La expansión no se concentró únicamente en la región pampeana: también se mencionó un avance de la producción en zonas del NOA y el NEA.

El maíz fue el cultivo que más ganó participación. Además de requerir una inversión mayor que la soja, principalmente por el costo de la semilla, amplió la superficie ocupada y superó a la oleaginosa en hectáreas sembradas.

La soja continúa siendo uno de los cultivos centrales del sistema agrícola, aunque perdió parte del terreno relativo frente al maíz. También se destacó el crecimiento de la cebada, el sorgo y el girasol, que habría alcanzado una campaña récord.

El avance del maíz y del girasol también adquiere relevancia por su utilización en la producción de aceites y por la demanda asociada al mercado energético. La evolución del petróleo fue señalada como un factor que puede sostener el interés por estos cultivos.

Los datos muestran que la inversión agrícola no se limita a la compra de insumos para la campaña inmediata. El productor debe esperar alrededor de seis meses, dependiendo del cultivo y de las condiciones climáticas, para intentar recuperar el capital comprometido.

Ese esquema deja a la actividad expuesta a riesgos significativos: una sequía, un cambio en los precios internacionales o un rendimiento inferior al esperado pueden impedir que la inversión se recupere completamente.

La expansión geográfica también alcanza a economías regionales y nuevos desarrollos productivos. Entre los ejemplos mencionados se incluyeron plantaciones de vid en zonas cercanas a áreas petroleras y nuevos emprendimientos vitivinícolas en distintas provincias.