La recuperación de la economía argentina perdió impulso y comenzó a reflejarse en el consumo, el comercio y la actividad general, según los datos analizados durante una entrevista emitida por La Nación Más. El deterioro contrasta con la evaluación del presidente Javier Milei, quien sostiene que la economía avanza hacia cuatro años consecutivos de crecimiento y que el país se encuentra en niveles máximos de PIB y PIB per cápita.

El consumo total registró una caída en el segundo trimestre, luego de haber alcanzado un máximo estadístico en el primer trimestre. El economista Sebastián Menezcaldi señaló que esa medición puede verse afectada por el aumento de los precios de mercado tras el retiro de subsidios, ya que el valor monetario de la canasta puede crecer aunque los hogares consuman cantidades similares o reduzcan su consumo real.

La contracción también aparece en los indicadores de consumo masivo, que acumulan varios meses de retroceso. De acuerdo con el análisis presentado, la baja alcanzó además al consumo total, un dato que había sido utilizado para sostener que el nivel de consumo se encontraba en máximos.

En julio, el comercio registró una caída del 5,1%. La actividad económica medida por el EMAE también mostró un retroceso interanual del 1,4%, mientras que el dato desestacionalizado habría reflejado una contracción mensual cercana al 3%. Los especialistas advirtieron que el último registro mensual puede contener problemas estadísticos, aunque remarcaron que la tendencia general muestra un estancamiento y una desaceleración del crecimiento.

“Los indicadores están mal, dicen cualquier cosa”, afirmó Milei al cuestionar el uso de los datos desestacionalizados. El Presidente sostuvo que, frente a los cambios estructurales de la economía, el indicador tendencia-ciclo resulta más representativo. Los economistas consultados reconocieron que el componente estacional puede distorsionar la lectura mensual, pero señalaron que la tendencia-ciclo también puede presentar rezagos y no captar de inmediato un cambio desde el crecimiento hacia la caída.

La discusión se trasladó a las proyecciones de crecimiento. JP Morgan redujo su estimación para la Argentina en 2026 desde el 3% hasta el 1,5%, según el dato mencionado en el programa. La revisión se produjo pese a que el país registró una producción récord de energía e hidrocarburos y una cosecha elevada, dos factores que impulsaron el resultado agregado y pueden ocultar un desempeño más débil en otros sectores.

El retroceso de la actividad también se observa en el cierre de empresas. En el período analizado se mencionó el cierre de 31.098 compañías desde noviembre de 2023, con una aceleración durante el último año. Además, los registros derivados de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo indicarían una disminución interanual del 6,1% en la cantidad de empresas privadas entre junio de 2025 y junio de 2026.

El sector juguetero aparece entre los más afectados. La Cámara Argentina de la Industria del Juguete informó una caída del 20% en las ventas durante el primer semestre de 2026 frente al mismo período de 2025. Matías Furio, titular de la entidad, afirmó que en los últimos dos años cerraron más de 100 jugueterías. La baja fue vinculada con la pérdida de ingresos disponibles de los hogares y con una mayor competencia de productos importados.

El diagnóstico expuesto atribuye parte de la desaceleración al impacto del ajuste fiscal y del retiro de subsidios sobre el ingreso disponible. La reducción de transferencias puede mejorar las señales de precios y la sostenibilidad de las cuentas públicas, pero también obliga a los hogares a reasignar recursos hacia servicios y consumos básicos, reduciendo el margen para bienes durables y actividades comerciales.

El principal interrogante para los mercados es si la caída constituye un bache transitorio o el inicio de una recesión técnica. Los datos mencionados muestran al menos tres meses de retroceso y una menor velocidad de crecimiento, aunque todavía no permiten establecer cuánto durará la contracción. La debilidad de la actividad coincide con una mayor preocupación financiera y con el aumento del riesgo país, en un contexto en el que los inversores evalúan la capacidad de la economía para sostener la recuperación.