La confianza en el Gobierno cayó 5,9% en septiembre, según el índice difundido durante el análisis de la coyuntura política y económica. El dato fue presentado como una señal para seguir de cerca por su relación con la percepción electoral.
El indicador se ubicó, de todos modos, en niveles relativamente altos en comparación con otras administraciones. El informe señaló que la confianza durante la presidencia de Javier Milei se mantuvo en valores comparables con los de Mauricio Macri y por debajo de los registrados por Néstor Kirchner en el mismo momento de su gestión.
La comparación histórica mencionada ubicó el promedio de la gestión de Milei en 2,34 puntos, frente a 1,69 para Alberto Fernández, 2,27 para Macri, 1,71 para la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y 2,49 para Néstor Kirchner. La medición corresponde al mes 33 de cada administración.
El deterioro de la confianza coincidió con un empeoramiento de los activos argentinos. El riesgo país se ubicó en 629 puntos básicos y acumuló una suba de 117 unidades durante septiembre, con un incremento cercano a 96 puntos en la última semana del mes.
Durante el análisis se planteó que el riesgo país está reflejando principalmente la incertidumbre política, más que un problema inmediato de financiamiento. También se sostuvo que las cuentas públicas mostraban superávit fiscal, aunque la referencia al resultado primario fue diferenciada del resultado financiero.
La discusión vinculó la recuperación del crecimiento con la inversión y el comercio, en lugar de con una expansión artificial de la demanda. El argumento expuesto fue que el Gobierno puede remover obstáculos mediante la reducción de impuestos y la mejora de las leyes, pero no reemplazar al mercado como mecanismo de generación de valor.
En ese sentido, se reclamó una profundización de la desregulación y una mayor definición sobre las reformas consideradas estructurales. La incertidumbre política, según el análisis, puede desalentar la inversión incluso cuando el frente fiscal reduzca el riesgo de una crisis de deuda.
También se cuestionó la utilización del tipo de cambio como herramienta para recuperar competitividad. La posición expuesta fue que la competitividad debería surgir de un sistema financiero más desarrollado, menores impuestos y reglas más previsibles, en lugar de depender de la fijación del precio del dólar.
El intercambio incluyó además una discusión sobre la dolarización. Se la describió como un mecanismo para limitar la emisión monetaria cuando un país no logra sostener una moneda propia, aunque se aclaró que esa alternativa no constituye la posición preferida de los participantes.



