Los bonos argentinos profundizaron su caída y el riesgo país volvió a subir, en una jornada en la que la deuda soberana retrocedió cerca de 2%. El deterioro supera al registrado por otros mercados emergentes y vuelve a concentrar la atención sobre la capacidad de financiamiento del país.

Desde julio, los bonos argentinos acumulan una baja de entre 12% y 14%, según el tramo de la curva, mientras que la deuda de los mercados emergentes retrocedió entre 3% y 4%. La diferencia muestra que el movimiento no responde únicamente al contexto internacional.

El escenario global también es adverso. Las tasas de interés en Estados Unidos subieron con fuerza, en un contexto de preocupación por la situación fiscal norteamericana, mayor demanda de dólares para financiar proyectos de inteligencia artificial y expectativas sobre la política de la Reserva Federal.

Cuando aumentan las tasas globales, las curvas de los países emergentes tienden a sufrir. Sin embargo, el castigo relativo a la deuda argentina es mayor: el mercado combina el encarecimiento del financiamiento externo con dudas específicas sobre la economía local y el calendario electoral.

La curva soberana refleja una mayor desconfianza en los bonos con vencimientos posteriores a las elecciones. También se amplió el diferencial entre los títulos que vencen antes y después de ese período, mientras que los inversores buscaron instrumentos bajo legislación internacional para cubrirse ante un eventual riesgo crediticio.

La estructura de la curva aparece invertida en los tramos más largos, una señal asociada con mayores riesgos de incumplimiento a futuro. En paralelo, los seguros contra default concentran la preocupación en los vencimientos extensos y no tanto en el corto plazo. La curva CER también muestra un mayor empinamiento en los plazos largos.

Otro foco de incertidumbre es el acceso al financiamiento en dólares. El Banco Central redujo el ritmo de compras por factores estacionales y, con las tasas actuales, el mercado internacional de deuda permanece prácticamente cerrado para la Argentina. Además, el Tesoro ya acumula cuatro licitaciones sin colocar deuda en dólares.

La pregunta que surge en el mercado es cómo obtendrá el Gobierno los dólares necesarios para el año próximo. La presión sobre los bonos más largos aumenta porque el país debería conseguir recursos mediante organismos internacionales, mercados locales u otras fuentes de financiamiento, en un contexto de menor margen para refinanciar vencimientos.

La incertidumbre financiera se combina con un escenario de actividad heterogénea. Comercio, industria y construcción aparecen entre los sectores más afectados, mientras que otros segmentos muestran un mejor desempeño. Esa divergencia limita la recuperación del empleo y de los ingresos, aun cuando la inflación haya desacelerado.

El índice de confianza en el Gobierno elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella cayó 5,9% y quedó en el mínimo de la actual gestión, de acuerdo con lo señalado durante el análisis. El retroceso agrega presión política en un momento en que los inversores evalúan tanto la sostenibilidad del programa económico como sus posibilidades electorales.

El Gobierno mantiene como prioridades el equilibrio fiscal, la reducción de la inflación, la acumulación de reservas y la preparación frente a una eventual volatilidad cambiaria. El desafío consiste en sostener esas anclas sin profundizar el deterioro de la actividad ni ampliar la brecha entre los sectores que ya perciben una recuperación y aquellos que todavía enfrentan caída del empleo y del consumo.