El peso mexicano superó los 18 por dólar y acumuló una depreciación del 5,9% durante septiembre, en una señal de menor atractivo para las estrategias de carry trade que habían impulsado a la moneda frente al dólar.
El tipo de cambio comenzó la sesión en 17,85 pesos por dólar y cerró en 18 unidades en el mercado interbancario. Se trata de un nivel que no se observaba desde el 31 de marzo y que prácticamente devuelve al peso al valor con el que terminó 2025.
La depreciación también ubicó al peso mexicano, junto con el peso colombiano, el real brasileño y el sol peruano, dentro del grupo de monedas con pérdidas entre las 16 divisas principales seguidas por Bloomberg.
El carry trade consiste en tomar deuda en una moneda con tasas relativamente bajas para invertir los fondos en países donde los rendimientos son más elevados. México y Colombia se habían beneficiado de estos flujos, pero el cambio en las expectativas sobre las tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos redujo el atractivo de la estrategia.
Según el análisis de Banco Base, las posiciones a favor de una apreciación del peso en el mercado de futuros de Chicago se redujeron 20%. La entidad considera que la etapa más favorable para el carry trade quedó atrás y que el tipo de cambio todavía podría subir a medida que los inversores desarmen sus posiciones.
La salida de esas operaciones no necesariamente ocurre de manera inmediata. Las inversiones vinculadas al carry trade pueden tener plazos de entre dos semanas y un mes, por lo que el movimiento actual todavía reflejaría el aumento de tasas decidido el 16 de septiembre y la percepción de una Fed más restrictiva de lo que esperaba el mercado.
La presión sobre el peso también coincidió con un fortalecimiento global del dólar y con el aumento de los riesgos inflacionarios asociados a los combustibles. En ese contexto, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años alcanzó 5,25%, su nivel más alto desde 2007.
Un peso más débil mejora, en principio, el ingreso en moneda local de las empresas mexicanas que facturan en dólares y de los hogares que reciben remesas desde Estados Unidos. Al mismo tiempo, encarece los bienes importados y puede aumentar la presión sobre los precios internos si la depreciación se prolonga.
El movimiento del mercado podría llevar a los bancos y las casas de bolsa a revisar sus proyecciones cambiarias para el cierre de 2026. La señal central es que las decisiones de la Fed tienen un efecto dominante sobre los flujos financieros de los mercados emergentes y pueden modificar rápidamente los incentivos para mantener capital invertido en monedas de mayor rendimiento.



