Meta lanzó en Estados Unidos un agente de inteligencia artificial capaz de ejecutar compras y otras tareas por cuenta de los usuarios, una tecnología que amplía la competencia en el comercio electrónico y puede modificar la relación entre consumidores, plataformas y vendedores.
El servicio, disponible por ahora para mayores de 18 años, permite pedir productos, comparar precios, revisar suscripciones y organizar tareas a partir de los correos y el calendario del usuario. A diferencia de un chatbot convencional, el agente no se limita a sugerir una acción: puede enviar mensajes, reservar vuelos, ingresar los datos de pago y completar una compra.
La adopción inicial fue rápida. Según los datos difundidos, el producto alcanzó el primer puesto del App Store en Estados Unidos el 18 de septiembre, diez días después de su lanzamiento, con unas 730.000 descargas. También se señaló que el agente llegó a cerca de tres millones de usuarios en aproximadamente 12 semanas, aunque todavía debe comprobarse cuánto de esa adopción se transforma en uso frecuente y transacciones efectivas.
El modelo de negocio todavía no está definido. Meta podría cobrar suscripciones o quedarse con una comisión por cada operación, pero ambas alternativas dependen de que los usuarios acepten delegar decisiones de compra y entregar información sensible, como los datos de sus tarjetas.
Una encuesta de consumidores estadounidenses citada durante el análisis mostró que solo el 8% permitiría que Meta manejara sus compras. Google alcanzó menos del 30% de confianza, mientras que la mayoría de los consultados todavía no habilitaría a ningún asistente para administrar sus pagos o contraseñas.
La confianza aparece así como el principal límite económico para los agentes. El usuario puede establecer parámetros de precio, presupuesto, tiempo de entrega o tipo de producto, pero la plataforma debe responder por errores, compras incorrectas, devoluciones y eventuales fraudes. Un límite de gasto puede reducir el riesgo, aunque no resuelve por completo quién asume la responsabilidad ante un problema.
En esa competencia parten con ventaja las plataformas que ya integran comercio, crédito, billeteras y logística. Amazon, PayPal y otros operadores cuentan con medios de pago almacenados, información sobre el comportamiento de los clientes y redes de distribución que un modelo de inteligencia artificial no puede reemplazar por sí solo.
La discusión también modifica la tesis de inversión sobre la inteligencia artificial. El costo de utilizar modelos está cayendo con rapidez y los sistemas de código abierto desarrollados en China pueden ofrecer resultados similares para una parte de las tareas con menor consumo de energía. En ese escenario, el valor podría desplazarse desde el modelo hacia las empresas que controlan datos propios, clientes, pagos y distribución.
Meta dispone de más de 3.000 millones de usuarios diarios en sus aplicaciones y ya tiene experiencia en marketplaces, pagos y herramientas para comercios. Esa escala le permitiría competir, pero no garantiza el éxito: para justificar la apuesta, el negocio necesitaría convertir una parte significativa de esa audiencia en suscriptores o compradores recurrentes.
El próximo paso podría ser un comercio electrónico agéntico, en el que el asistente del comprador negocie con los agentes de las plataformas y los vendedores. La competencia no se definiría únicamente por quién ofrece el modelo más inteligente, sino por quién combina mejor precio, crédito, entrega, seguridad y servicio posventa.



