Las reservas internacionales del Banco Central cerraron el último registro disponible en US$47.960 millones, después de caer US$2.245 millones desde el inicio de septiembre. La baja de 4,5% en el mes es un movimiento poco habitual frente a los cambios recientes y convierte al dato en una señal relevante para el margen externo de la autoridad monetaria.
La caída no solo es importante por su magnitud. El nivel alcanzado el 28 de septiembre fue el más bajo del último mes y se produjo después de seis registros consecutivos a la baja. En los últimos 30 registros, las reservas retrocedieron 3,3%, mientras que en los últimos 90 días todavía se ubican 3,8% por encima del punto de partida.
Ese contraste ayuda a evitar una lectura exagerada. El stock actual está lejos de los mínimos observados durante un período más extenso y se encuentra por encima del nivel de comienzos de año. Pero el descenso de septiembre cambia el ritmo reciente y concentra la atención sobre cuánto margen tiene el BCRA para responder ante episodios de presión cambiaria o necesidades de pagos.
Reservas internacionales del BCRA
Los datos mas recientes, del mas antiguo al mas nuevo.
El mercado cambiario, por ahora, no refleja un salto equivalente. El dólar mayorista terminó el 30 de septiembre en $1.517,52, apenas 0,3% por encima del comienzo del mes, mientras que el minorista avanzó 0,4%. Es decir, la reducción de reservas convivió con una variación cambiaria relativamente acotada durante septiembre.
Las tasas en pesos ofrecen otro dato de contexto. La BADLAR llegó al 29 de septiembre a 23,38% nominal anual, 0,31 puntos porcentuales por encima del comienzo del mes. La combinación de reservas en descenso y tasas algo más altas muestra que el mercado de pesos y el frente cambiario están ajustándose al mismo tiempo, aunque los datos disponibles no permiten atribuir la baja de reservas a un único factor.
-4,5%
El tamano del movimiento frente a una referencia comparable.
Para hogares y empresas, el nivel de reservas importa menos como cifra aislada que por su relación con la capacidad de administrar tensiones sobre el dólar. Un menor colchón puede reducir el margen de respuesta ante una demanda cambiaria intensa, mientras que una posición más sólida puede contribuir a ordenar expectativas. Eso no implica, por sí solo, que el dólar vaya a subir o bajar.
También hay una señal monetaria que merece atención: la base monetaria cayó 2,5% en septiembre hasta el último registro disponible, mientras los depósitos bancarios aumentaron 2,6% y los préstamos al sector privado 2%. El movimiento de reservas, por lo tanto, ocurre en un escenario donde el crédito y los depósitos muestran expansión nominal, sin que esos datos permitan establecer por sí mismos una relación causal con la pérdida de activos externos.
El punto central queda en el contraste entre un movimiento excepcional en las reservas y una dinámica cambiaria todavía contenida. Septiembre deja un stock de US$47.960 millones y una caída mensual de 4,5%, pero también un nivel que sigue por encima del observado a comienzos de año. La señal relevante es el deterioro reciente del margen externo, cuya importancia dependerá de si se revierte o se prolonga durante los próximos registros.


